Señor Director:
Mientras Chile enfrenta una escasez crónica de conductores profesionales, el debate debería centrarse en cómo elevar los estándares de formación y certificación de quienes transportan personas y carga. Por eso llama la atención que el Estado continúe suscribiendo acuerdos de reconocimiento de licencias con otros países, como el firmado con Bolivia, sin medir su impacto.
Estos convenios permiten que los conductores extranjeros ingresen a nuestras rutas, sin pasar por ningún proceso que certifique sus competencias laborales. En la práctica, quedan exentos de rendir exámenes y evaluaciones destinadas a verificar si poseen las habilidades teóricas, prácticas y psicológicas necesarias para desempeñar esta labor en el país.
Más que contribuir a profesionalizar el sector, este tipo de medidas solo genera incertidumbre y socava los esfuerzos realizados para elevar los estándares de la actividad. Además, es contradictorio que se habiliten estas excepciones cuando por años se ha buscado elevar las exigencias de los más de 90 mil conductores que trabajan en apps de transporte, y aun sabiendo que la mayoría de los egresados de los programas sociales que impulsa el propio Estado están cesantes por falta de experiencia laboral.
Carlos Larravide
Gerente general de Automóvil Club de Chile