Señor Director:
“Tú que estás de azul, abre la puerta”. “Buenos días, señor taxista, ¿cuál es su nombre?, ¿tiene familia?, cuénteme cómo le va”. “Negro, vení a tomarte un mate conmigo y poneme al día de tu familia”. “Pongámonos las pilas, negro, porque la de galanes ya no la están comprando tanto”. “¿Que quién es Dios?, no lo sé, negro, pero dibujé su cara la última vez que me habló, mirá”. “Poné la Beethoven para que nos acompañe en el camino”. “Chile no es mi segunda patria, es mi hogar”.
Cada una de estas expresiones sintetiza la humanidad desbordante de Fernando Kliche. Su constante era romper la lógica de lo cotidiano, quebrando el molde de la normalidad para transformarlo en un instante entrañable e hilarante. Su legado se compone de esa empatía natural con el prójimo, del interés sincero por las vidas de sus amigos, y de una pasión inquebrantable por el oficio teatral dentro y fuera de las tablas.
Vivió con una honda sensibilidad hacia los misterios trascendentales de la existencia y un eterno agradecimiento hacia la tierra chilena que lo adoptó.
Emprende el viaje siguiendo la huella de titanes como Jung, legando una estela de afecto y sabiduría a quienes caminamos a su lado.
Le dio batalla a cada adversidad y salió victorioso. Es una pena que la vida no alcanzara para retener por un par de décadas más la generosidad de su corazón. Le deseo un buen viaje al maestro y amigo.
Renato Münster Gripe
Actor