Señor Director:
Es positivo que el editorial de “El Mercurio” reconozca que la desaceleración económica exige explicaciones estructurales. Sin embargo, identifica lo estructural casi exclusivamente con el aumento reciente de costos asociados a cambios regulatorios.
Si además del desempleo abierto se considera el subempleo de quienes trabajan pocas horas y desean trabajar más, y el desempleo oculto de quienes ya no buscan trabajo por desaliento, pero desean un empleo y están disponibles, el desempleo “integral” se ha mantenido sistemáticamente por encima de los dos dígitos durante más de 15 años (hoy, un 13,2%, muy por encima del 9,4% oficial).
Esta persistencia, a lo largo de gobiernos de distinto signo político y distintos ciclos económicos, pone de manifiesto la dimensión del problema estructural, que difícilmente puede explicarse solo por una regulación específica. Con esta alta reserva laboral compitiendo por el empleo y presionando a la baja los salarios, la mitad de los trabajadores y las trabajadoras percibe menos de $600.000 líquidos mensuales, mientras que el alquiler de una vivienda en la Región Metropolitana puede absorber fácilmente entre el 60% y el 70% de ese ingreso.
Esto nos lleva a los elementos constitutivos del mercado capitalista, que en Chile se exacerban por una matriz productiva con baja autonomía tecnológica, baja elaboración y escasa capacidad para generar empleo de calidad; solo genera empleos endebles.
Gonzalo Durán S.
Académico de la U. de Chile, economista de la Fundación SOL