Señor Director:
En una carta de ayer, Cecilia Echenique pide al Gobierno —al que considera defensor de la propiedad privada— que haga respetar la propiedad intelectual y los derechos de autor, los cuales serían una “gran conquista de los creadores, para poder vivir de sus obras”. En esta carta, como en cientos de escritos sobre el asunto, se asume, sin más, que habría un nexo esencial entre “propiedad intelectual” y “derechos de autor”, una noción mucho más amplia y también más confusa, que pretende cubrir toda una gama de posibles modos de disposición y uso.
Por cierto, ya la propia noción de “propiedad intelectual” plantea una cantidad de problemas de fondo, que no puedo abordar aquí. Pero la intuición básica que articula apunta, centralmente, a determinados modos de apropiación indebida, como el plagio, un fenómeno que, como se sabe, es multiforme y cuya persecución resulta no solo muy difícil, sino con frecuencia también infructuosa.
Con los supuestos “derechos de autor” la situación es todavía mucho peor, por no decir desesperada. Sobre todo, en tiempos en los cuales la reproducibilidad —que, como vio W. Benjamin hace casi un siglo, altera la esencia misma del fenómeno artístico, y de la cultura como un todo, podría añadirse— ha convertido en gris rutina cotidiana la versión informática del milagro de la multiplicación de los panes y los peces.
Pero sería un error pensar que enfrentamos aquí dificultades que conciernen solamente a la aplicación en concreto de restricciones normativas bien fundadas. A mi modo de ver, lo desafiante de la actual situación reside en que, a través de la abolición de facto de todo un conjunto de prácticas consolidadas, pone en crisis también el fundamento conceptual en el que estas pretendían asentar su existencia y su legitimidad.
No creo exagerado decir que en estos asuntos habrá que repensarlo todo o casi todo. Ninguna apelación retórica a supuestos “derechos” —ni mucho menos, huelga decirlo, el temor por nuestros ingresos futuros— nos va a eximir de la tarea de afrontar con lucidez lo que está ocurriendo, y de intentar esclarecer el modo de situarnos frente a los nuevos desafíos que enfrentamos.
Alejandro G. Vigo