En esta fecha, con motivo de la conmemoración de los 250 años de la Independencia de Estados Unidos, me embarga un sentimiento de fraternidad y cercanía con el pueblo de Chile, similar al que viví en los años 90 en La Ligua. Al mismo tiempo, es una fecha que me invita a reflexionar sobre nuestra relación bilateral y a proyectarnos hacia el futuro.
Hoy, y tal como ha sido durante más de 200 años de relación bilateral, el hilo conductor de las oportunidades de cooperación entre nuestros países es la economía.
En un país líder en producción de cobre, debemos hablar de minería. Buscamos fortalecer las cadenas de suministro de minerales críticos, apoyando a Chile en su avance hacia un mayor valor agregado y promoviendo la inversión estadounidense a largo plazo en infraestructura. Un mecanismo de evaluación de inversiones, junto con la reducción de trabas burocráticas en los procesos de permisos, contribuiría a ese objetivo al enviar una señal de estabilidad a los inversionistas y al mismo tiempo resguardar la soberanía de Chile. En ExpoNor pude ver un enorme potencial y constatar una percepción ampliamente compartida: existe un importante volumen de capital de inversión a la espera de un entorno regulatorio más predecible y atractivo en Chile.
Un segundo pilar de la economía chilena es la agricultura. El comercio agrícola entre Chile y Estados Unidos superó los ocho mil millones de dólares en 2025, más del triple de las utilidades registradas por Codelco ese mismo año. Es evidente que nuestro comercio agrícola bilateral está prosperando, pero hay que hacer más para desbloquear todo su potencial. Los inversionistas esperan ver avances pendientes desde hace mucho tiempo en los marcos regulatorios en materia de propiedad intelectual, como la protección de variedades de semillas bajo UPOV-91. Esto impulsaría significativamente la resolución de temas señalados durante años en el informe Special 301 y fortalecería la investigación, innovación y comercio en la industria agrícola.
Nuestra cooperación en Defensa constituye un ejemplo para una mayor integración económica. Nuestras Fuerzas Armadas están estrechamente vinculadas y pueden desplegar capacidades complejas de manera conjunta. Quedé impresionado por esta interoperabilidad cuando un avión KC-135 Stratotanker chileno reabasteció en vuelo a dos cazas F-35 Lightning de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en su ruta a Santiago para Fidae 2026. El Presidente Kast y miembros de su gabinete pudieron presenciar esta interoperabilidad durante su visita al portaaviones USS Nimitz en su tránsito por el Estrecho de Magallanes en abril.
También me impresiona lo que hemos logrado juntos en nuestra cooperación científica. En 1849, el oficial de la Marina de los Estados Unidos James Melville Gillis contribuyó al establecimiento del primer observatorio astronómico nacional de Chile. Este año, el telescopio Vera Rubin iniciará su exploración del cosmos, mapeando todo el cielo cada tres días y compartiendo sus datos de forma abierta con la comunidad científica. Esta colaboración también se refleja en el Programa Fulbright entre Estados Unidos y Chile, con 80 años de historia, que esta semana lanzó una iniciativa para apoyar la investigación en la Antártica.
Nuestro compromiso con el libre intercambio de ideas es uno de los valores fundacionales de nuestra democracia y ha unido a nuestros países por más de dos siglos. En 1811, patriotas estadounidenses y chilenos, inspirados por las ideas de la Ilustración, enviaron una imprenta desde Nueva York a Valparaíso. Camilo Henríquez la utilizó para imprimir La Aurora de Chile, que sirvió para difundir las obras de Rousseau y Voltaire y el pensamiento ilustrado. Esa misma imprenta se exhibe hoy en Filadelfia, en préstamo desde Chile, como pieza central de las celebraciones de los 250 años de Estados Unidos.
En otro gesto que honra nuestro legado revolucionario compartido, nos enorgullece donar un busto de nuestro ícono revolucionario, el general George Washington, al Jardín de los Héroes de la Escuela Militar de Chile.
Hoy, 4 de julio de 2026, pienso en el inicio de nuestro experimento democrático, cuando en 1776 un grupo de visionarios en Filadelfia proclamó que todos los hombres son creados libres e iguales. Al conmemorar el 250º aniversario de nuestra nación, encuentro en Chile un profundo eco del espíritu de nuestros fundadores. Construyamos juntos los próximos 250 años.
Brandon Judd
Embajador de Estados Unidos en Chile