Señor Director:
La condena a una red criminal dedicada a emitir y vender licencias médicas constituye una señal importante. Los responsables deben responder ante la justicia y es positivo que el Estado haya actuado con decisión persiguiendo este fraude.
Pero sería un error concluir que el problema se explica únicamente por la existencia de personas inescrupulosas. Cuando observamos conductas que se repiten, la pregunta no debería ser solo quiénes las realizan, sino también bajo cuáles reglas e incentivos operan.
La evidencia muestra que las personas responden a incentivos, como característica universal del comportamiento humano. Por eso, además de perseguir el fraude, es legítimo preguntarse si el diseño del sistema de licencias médicas contribuye a generar conductas que lo alejan de su propósito: proteger a quienes necesitan reposo por razones de salud.
Hoy existen diferencias relevantes entre los regímenes de licencias médicas que aplican a los distintos grupos de trabajadores. Mientras algunos enfrentan topes y períodos de carencia, otros no. La consecuencia previsible es que el uso no se distribuya de forma homogénea.
Un sistema equitativo requiere reglas coherentes. Si creemos que las personas responden a incentivos, parece razonable avanzar a un esquema en que trabajadores en situaciones comparables enfrenten condiciones similares.
La experiencia internacional muestra que los sistemas más exitosos han trabajado simultáneamente dimensiones como fiscalización, protocolos médicos, incentivos económicos, seguimiento de casos prolongados, entre otros.
La justicia debe seguir sancionando a quienes defraudan al sistema. Pero si queremos reducir los abusos de manera sostenible, además de perseguir a quienes infringen las reglas, debemos revisar las reglas mismas para que promuevan un uso adecuado del sistema.
Melissa Hohmann
Presidenta Isapres de Chile