Señor Director:
En el lenguaje técnico de la lógica y la filosofía, “consistencia” es una propiedad interna o sintáctica de un sistema o conjunto de proposiciones, en virtud de la cual dicho sistema no incluye ni permite derivar contradicciones. Por su parte, “verdad” es una propiedad semántica o relacional, ya que la verdad de una proposición o un conjunto de proposiciones depende de la relación que mantiene con algo diferente, a saber: aquello a lo que se refiere (vgr. las cosas o el mundo). Un sistema puede ser internamente consistente y, a la vez, falso. Ello no impide, sin embargo, que la consistencia cuente, prima facie, como signo de verosimilitud, ya que, por excluir la contradicción, mantiene cierta relación con la verdad.
Todos los mentirosos están familiarizados con estas conexiones, aunque muchas veces no sean capaces de fijarlas conceptualmente. Por eso se esfuerzan, hasta donde sea posible, por construir de modo consistente sus mentiras.
Ciertamente, la vida cotidiana ofrece innumerables ejemplos, pero el discurso técnico de los mentirosos profesionales suele ser más brillante en el arte de reforzar la consistencia de sus engaños. El empleo de cuentas bien hechas que omiten variables fundamentales, de estadísticas manipuladas de diversos modos y de representaciones gráficas que simulan evidencia suelen ser mecanismos favoritos, porque, como se sabe, la apariencia de rigor que proyecta la matemática impacta a muchos incautos.
Viene aquí a la memoria aquella famosa advertencia, falsamente atribuida al genio irónico de Churchill: “Crea solo en las estadísticas que usted mismo ha falsificado”.
Alejandro G. Vigo