Señor Director:
La baja natalidad en Chile ya dejó de ser una simple tendencia. Lo que hasta hace algunos años parecía una disminución progresiva, hoy comienza a transformarse en una verdadera calamidad. Pero más allá de las cifras, existe un desafío cultural.
Hay pequeños signos que muestran cómo miramos la familia. Muchas inmobiliarias promocionan sus departamentos como pet friendly, es decir, espacios pensados para recibir mascotas y facilitar su bienestar. Es una opción legítima.
Pero cabe preguntarse: ¿Tenemos la misma sensibilidad con los niños? ¿Soy de los que se quejan cuando hay niños “dando vueltas”? ¿En eventos sociales, misas, clubes, eventos deportivos?
Una familia en etapa de crianza debería sentirse siempre, sí, siempre, bienvenida. Y no tener que entrar a cualquier evento dando disculpas o con cara de culpable, pedir perdón casi, por “llevar a los niños”, siendo que son una proyección evidente de su “ser familia”. La presencia de niños no debiera verse como una dificultad o una excepción. Debiera ser parte natural de la vida social. Si en eventos de fin de semana no caben los niños, habrá que preguntarse si este vale tanto la pena.
En vez de preguntar: “¿Es con niños?”, deberíamos preguntarnos: “¿Cómo hacemos para que los niños puedan estar aquí?”.
Este desafío toca especialmente a los clubes, comunidades y a la iglesia en sus parroquias y capillas. Los niños deben ser y sentirse considerados, incluidos y acompañados. Ello exige sin duda imaginación, organización y también recursos.
Las políticas públicas son indispensables: apoyo económico, mejores condiciones para la crianza y medidas que hagan más fácil formar una familia. Pero existen gestos cotidianos que construyen una cultura. Una sociedad que acoge a sus niños —en eventos, transporte, parques, estadios, iglesias— es una sociedad que apuesta por su futuro.
Porque, al final, la pregunta no es solamente si vivimos “con o sin niños”. La pregunta es qué tipo de país queremos construir. En simple. La regla y no la excepción debe ser “Sí, es con niños”.
Padre Hugo Tagle M.