Ayer, en un día dramático para el socialismo español, marcado por la concurrencia del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero a declarar ante el juez que le imputa haber encabezado una oscura red de tráfico de influencias, las noticias de impacto para el PSOE no terminaron allí.
Ello, pues la sesión de control del gobierno, que todos los miércoles tiene lugar en el Congreso de los Diputados, sirvió para dejar claro que el Ejecutivo de Pedro Sánchez no solo está en minoría, sino que la mayoría de quienes integran esa cámara son partidarios, con distintos matices, de elecciones anticipadas.
Poner en evidencia aquello había sido el objetivo esta semana de sendas enmiendas presentadas por el opositor Partido Popular y por los catalanes soberanistas de Junts, en las que justamente se pedía al gobierno adelantar los próximos comicios generales, que en principio deberían efectuarse en julio de 2027. La mesa de los diputados, controlada por los socialistas, sin embargo, desechó el martes someter a votación dichas enmiendas, argumentando que eran inconstitucionales. Impidió así una medición de fuerzas que hubiera significado una gran derrota para el gobierno.
Pero el mismo fantasma que el PSOE creía haber espantado el martes, pareció reaparecer el miércoles en la sesión de control y de la mano de un socio clave: el Partido Nacionalista Vasco. Este, si bien no forma parte de la coalición oficialista, sí fue uno de los que apoyaron la investidura de Sánchez, jugando un rol decisivo en el delicado equilibrio de fuerzas que lo mantiene en el poder. Ayer, la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, puso —al decir de la prensa— el dedo en una de las llagas del gobierno: no haber logrado aprobar presupuestos en toda la actual legislatura. Por eso, lo emplazó a presentar finalmente este año un proyecto, y si este —como todo indica— no se aprueba, “disuelva (el Congreso) y convoque a elecciones”. Es cierto que Vaquero no pidió de inmediato los comicios y que Sánchez lleva tiempo prometiendo que ahora sí presentará presupuestos, pero la intervención del PNV puso en el tapete lo mismo que habían buscado antes mostrar las frustradas enmiendas del PP y de Junts: que hoy la mayoría del Congreso es partidaria de anticipar las elecciones. Y es que, sumando los posicionamientos de las distintas bancadas, se llega fácil a más de 180 diputados, de un total de 350.
Con todo, y como Pedro Sánchez ha demostrado una habilidad sorprendente para hallar salidas cuando aparece acorralado, no cabe descartar la particular interpretación que sus propios cercanos hacen de la jugada del PNV. Para ellos, antes que un ultimátum, lo de los vascos fue una oportunidad. Es cierto que sus socios están preocupados, pero al vincular las elecciones con los presupuestos, les estarían dando un margen de cinco a seis meses antes de hacer la convocatoria y, con eso, la posibilidad de cumplir uno de sus objetivos, cual es llegar efectivamente hasta 2027. Y como en política medio año puede ser mucho tiempo, su apuesta es en ese lapso lograr echar abajo las investigaciones judiciales que acosan al PSOE y mejorar su posición de cara a los comicios. Parece un exceso de optimismo, pero con Sánchez nunca se sabe.