El Informe de Política Monetaria (IPoM) de junio del Banco Central llegó con noticias complejas para el país. El rango de crecimiento previsto para 2026 se redujo de 1,5-2,5% a 1,0-1,75%, una corrección significativa que, tal como explica el texto preparado por los equipos del instituto emisor, refleja el débil desempeño del primer trimestre y el deterioro de varios de los fundamentos que sostienen el gasto. Lejos de ser un mero ajuste técnico, esta revisión habla de una economía que aún no deja el estancamiento.
Las consecuencias de largo plazo del deterioro de 2026 no son recompensadas por el hecho de que sí se proyecte un mayor crecimiento para los años 2027 y 2028. En efecto, ese mayor crecimiento es el resultado natural de una base de comparación más baja que la inicialmente esperada. Pero, además, cuando se consideran los niveles medios de los intervalos de expansión proyectados, el PIB de Chile en 2028 se mantiene prácticamente en el mismo nivel anticipado en el IpoM de marzo pasado. Esto representa un desafío importante para la administración del Presidente Kast.
El análisis de la demanda interna es también revelador. En el agregado, el gasto interno del primer trimestre de 2025 se comportó en línea con lo previsto, pero su composición mostró cambios relevantes. El consumo privado mantuvo un ritmo de expansión modesto y la proyección anual para 2026 se redujo de 2,2% a 1,8%. El consumo público, por el contrario, registró un repunte, reconociendo mayores compromisos de gasto ya adquiridos por el fisco. Esta dinámica ilustra la tensión entre el relato de Hacienda de recortes y la necesidad de solicitar un mayor endeudamiento para solventar los compromisos fiscales. Otro desafío para la actual administración
Ahora bien, donde se concentra la mayor preocupación es en la inversión. La formación bruta de capital fijo vio su expansión recortada desde 4% a 2,2% en 2026, afectada especialmente por el componente de maquinaria y equipos. La buena noticia es que las perspectivas de mediano plazo son más alentadoras. Específicamente, los datos de la Corporación de Bienes de Capital elevaron en un tercio los montos de inversión en grandes proyectos previstos para el período 2026-2029. Esto sustenta proyecciones de crecimiento de la inversión de 5% para 2027 y de 3,2% para 2028. Sin embargo, estas cifras no son suficientes para sustentar un crecimiento agregado importante.
En el frente externo, en tanto, el escenario está marcado por la volatilidad del petróleo. Durante las semanas previas al cierre estadístico del informe, el crudo se mantuvo por sobre US$ 90 el barril, empujando la inflación hacia 3,9% anual en mayo. El reciente acuerdo entre EE.UU. e Irán hizo caer el precio por debajo de US$ 80, abriendo la posibilidad de un alivio en los costos en los próximos meses. El cobre, por su parte, fue revisado al alza a US$ 5,8 la libra para 2026, lo que contribuirá a los ingresos fiscales y a la balanza comercial, aunque no alcanzaría para compensar todas las tensiones en la demanda interna.
Más allá del ciclo de los recursos naturales, el IPoM identifica un conjunto de factores que socavan los cimientos del consumo privado y que resultan más preocupantes por su potencial persistencia. El principal de ellos es el mercado laboral. La tasa de desempleo se ubica en 9,1% y la recomposición desde empleo formal hacia informal agrava el diagnóstico: cuando el trabajo informal gana terreno, los hogares se vuelven más vulnerables a los shocks de ingresos y más propensos a recortar el gasto discrecional. Una acción decidida del Estado en esta materia, mucho más allá de lo contenido en el proyecto de Reconstrucción, parece pertinente.
La inflación total proyecta converger al 3% recién en el segundo trimestre de 2027, lo que significa que los hogares seguirán absorbiendo precios elevados durante buena parte de los próximos doce meses. Y si bien el traspaso del shock del petróleo hacia otros precios no ha generado una espiral, el Banco Central advierte que los riesgos siguen siendo relevantes y deben monitorearse. Por de pronto, el dato de inflación de mayo —0,2% mensual— mostró claros aumentos en “transporte” y “vivienda y servicios básicos”, lo que sugiere que los efectos de la situación del petróleo todavía no han cesado.
En este contexto, el Consejo del ente emisor adoptó una postura cautelosa, manteniendo la tasa de política monetaria (TPM) en 4,5%. La decisión de evaluar la TPM reunión a reunión no es una evasiva, sino el reconocimiento de que la incertidumbre es inusualmente alta. La novedad de que la Reserva Federal de EE.UU. pueda aumentar su tasa durante 2026 contribuye a esto.