En ocasiones llegan videos que uno tendría que abrir y atender a ellos de inmediato, puesto que luego de hacerlo, y vistos sus contenidos, experimentamos una gran satisfacción. No siempre es así, desde luego, y anticipa mucho de un video, antes de abrirlo, qué persona es la que nos ha hecho el envío. ¿Qué quieren que les diga? Si un hombre mayor no es selectivo, ¿quién si no?
Recibí un video reciente con un mensaje de Joan Manuel Serrat y acaricié la idea de que el admirado compositor y cantante hubiera vuelto a los escenarios, pero no fue así. El hombre tiene ya 82 años y el video que menciono solo incluye una breve reflexión sobre la vejez, luego de lo cual no lo pensé dos veces antes de reenviarlo a varios conocidos y amigos.
Partiendo por su aspecto, Serrat luce muy bien en esa grabación. No se diría que tiene 82. Con voz entera y levemente más lenta que la habitual, el artista español dijo haber estado en un encuentro de personas mayores —de la tercera edad—, si bien ratificó, con una amplia sonrisa, que la cosa no está parando allí: hay ya una cuarta y habrá también, con toda seguridad, una quinta y otra sexta edad. Estamos viviendo y permaneciendo más tiempo en ese estado o condición —al menos tratándose del promedio de las personas—, ante lo cual declara nuestro cantante que le gusta vivir, o sea, estar vivo. No vamos a entrar aquí en las condiciones que se producen a veces para pensar en adelantar voluntariamente el momento de morir, porque, salvo que se produzcan condiciones de ese tipo, la vida que tenemos es un bien; más aún, se trata del bien de los bienes, puesto que sin él no tendríamos acceso a ningún otro bien —de los muchos que es posible disfrutar— si no estuviéramos vivos y nuestros cuerpos se encontraran convertidos en cenizas o sepultados en un nicho o directamente bajo tierra.
Con el escritor cubano Leonardo Padura me llevé hace poco una muy grata sorpresa. Fue cuando vino a Santiago al programa “La ciudad de las palabras”, para hablar de su última novela —“Morir en la arena”—, cuyo título recuerda la amarga frustración que es nadar en el mar y terminar muriendo en la arena. Mientras hablaba ante un numeroso público, Padura aludió expresamente al video de Joan Manuel Serrat, y, claro, en esto, como también con su literatura, me sentí muy bien acompañado. Celebré también esa grabación, y fui a mirar la letra de dos de las canciones que más me gustan, “Benito” y “Qué bonito es Badalona”. A esta ciudad barcelonesa se la celebra “en invierno y en verano”, “casi toda la semana”, y también a “sus viejos y sus niños”, “sus hembras y sus hombres”, “a la sombra y al solano”. Mientras que en la otra de esas canciones, que es también un cuento, dos indigentes fantasean con “sopa y gambas y alubias con chorizo y café, copa y puro”. Pero Benito ha muerto, y su compañero le pide que, encima de los propios, se ponga él “para siempre sus calcetines”, porque “sigue creciendo el río”. “Se nos mojó la leña”, y tendríamos que “mudarnos bajo otro puente”.
Como ustedes ven, se trata de un antiguo pasodoble, de 1978, que da cuenta del valor de la solidaridad. “Acércate Benito” —pide el cantautor—, “si es su gusto invitarme”. “El caballero invita”, reitera, de modo que “ponga dos de lo mismo, y que Dios se lo pague”, ofrece enseguida; pero su amigo ha muerto a la intemperie.
“Entre esos tipos y yo hay algo personal…”, reconoce Serrat en otra de sus canciones, y la verdad es que, lamentándolo mucho, se trata a veces de algo inevitable, salvo tratándose de Benito y su amigo.
¡Salud, Joan Manuel!