Señor Director:
Sorprende leer o escuchar que no existiría mayor experiencia con un crédito tributario al empleo. Sin embargo, su uso ha sido frecuente en otras latitudes. El caso francés es emblemático por los distintos ensayos que se han realizado con iniciativas similares desde hace más de tres décadas. Digo ensayos, porque a través del tiempo ha variado el monto máximo de salario que está sujeto a este beneficio y también el carácter del crédito. Principalmente ha sido uno que descuenta las contribuciones del empleador a la seguridad social, pero también se ha aplicado sobre el impuesto de primera categoría.
Un grupo de investigadores del Consejo de Análisis Económico Francés, una oficina independiente que asesora a su Primer Ministro, realizó en 2019 una evaluación exhaustiva de la evidencia y realizó también sus propios estudios. Concluyó que, en general, el impacto sobre el empleo de los trabajadores de bajos salarios era significativo. Pero que ese impacto se diluía y comenzaba a desaparecer si el umbral salarial en que se aplicaba el beneficio superaba 1,6 veces el salario mínimo (con todo, el efecto fue más fuerte cuando el umbral se fijó en 1,3 veces).
También determinaron que el efecto era más importante si el crédito reducía las contribuciones de seguridad social antes que los impuestos corporativos. La contribución de los empleadores a la seguridad social es aún reducida en Chile, pero va a subir y en el futuro podría aplicarse sobre esta base. El techo que considera la iniciativa en Chile se sitúa en la proximidad de 1,6 veces el salario mínimo. Podría reducirse para atenuar el costo fiscal de la iniciativa. Por supuesto, existen estudios con impactos modestos o nulos, pero la balanza se inclina en una dirección clara.
Francia eligió esta política porque consideró que el alto salario mínimo relativo del país no dejaba espacios para subsidios a la oferta de empleo como aquellos que Chile ha utilizado sin mayor éxito. Los últimos datos disponibles para la OCDE indican que la razón entre el salario mínimo y la mediana salarial alcanzaría en Francia un 62,5% (versus un promedio simple para esa organización de 55,9%). Pues bien, para Chile se reporta un 74,6%. Para reflexionar.
Harald Beyer
Escuela de Gobierno, UC