Señor Director:
Destacamos la prioridad otorgada a la discusión de Sala Cuna Universal y esperamos una tramitación ágil y constructiva, que resguarde siempre la calidad y la equidad de la educación parvularia.
Sin embargo, las indicaciones anunciadas por el Gobierno al proyecto acrecientan algunas interrogantes de fondo para su éxito. Ampliar el acceso es urgente, pero no basta. La reforma debe asegurar educación de calidad y no profundizar las desigualdades que ya afectan al nivel parvulario.
Hoy, los jardines infantiles Vía Transferencia de Fondos reciben entre un 37% y un 41% menos recursos que JUNJI e Integra. Crear un fondo sin precisar el aporte por niño o niña puede consolidar esta inequidad. Permitir, además, que instituciones privadas cobren a las familias la diferencia entre el subsidio y la mensualidad abre la puerta a un copago que, sin los debidos resguardos, puede profundizar las desigualdades del nivel.
También preocupa la calidad. La autorización de funcionamiento es un requisito mínimo y no equivale al reconocimiento oficial. El Estado no debiera financiar una oferta con estándares inferiores en una etapa en que la calidad de las interacciones, los ambientes y los equipos educativos tiene efectos duraderos. Lo mismo debe exigirse a las salas cuna de temporada.
Finalmente, el proyecto no puede mirar solo la sala cuna. La cobertura actual alcanza apenas un 26,6% entre los 0 y 2 años, un escaso 57,9% en los niveles medios y un 92,7% en transición. Sin continuidad real entre los 2 y 4 años, la reforma puede trasladar el problema, pero no lo resuelve.
La Sala Cuna Universal es una oportunidad histórica. Pero debe diseñarse como una política integral de primera infancia: con financiamiento equitativo, estándares comunes de calidad, continuidad educativa y resguardos para que el copago no reproduzca las desigualdades que busca corregir.
De lo contrario, la universalidad será solo formal y las desigualdades comenzarán, una vez más, desde la cuna.
José Manuel Jaramillo
Red Educación Inicial 2030