Señor Director:
Resulta llamativo que en Santiago se rechace de manera casi automática la instalación de rejas en parques y jardines patrimoniales, como si se tratara de una medida incompatible con el espacio público o propia de una ciudad que renuncia a sus áreas verdes.
Tuve la oportunidad de vivir en París y recorrer frecuentemente parques y jardines emblemáticos que cuentan con cierres perimetrales y horarios de acceso, sin que ello afecte en lo más mínimo su atractivo, uso ciudadano o valor urbano. Los jardines de las Tullerías, los Jardines de Luxemburgo y el Parque Monceau son solo algunos ejemplos de espacios públicos de primer nivel que combinan acceso abierto durante el día con medidas efectivas de protección.
La pregunta, entonces, es por qué ciudades que cuidan su patrimonio aplican estas medidas sin complejos, mientras en Santiago pareciera preferirse la destrucción gradual de parques, jardines y monumentos dentro de ellos, antes que adoptar mecanismos básicos de resguardo.
Rejas y horarios de cierre no significan privatizar los espacios públicos; significan protegerlos del vandalismo, facilitar su mantención y asegurar que las familias puedan disfrutarlos en mejores condiciones.
Gonzalo Montero M.