Señor Director:
El VAR llegó con una promesa: terminar con la polémica. Cámaras, repeticiones, todos los ángulos. Por fin la verdad del partido quedaría establecida. Mundial 2026, y seguimos discutiendo cada jugada.
El VAR no decide: revisa. Y al revisar, alguien tiene que decidir si hay o no falta. La cámara no elimina el criterio: lo desplaza. Antes el juicio estaba en el árbitro, a la vista de todos. Ahora está detrás de una pantalla que se presenta como veredicto técnico.
Cuestionar a un árbitro falible es legítimo. Cuestionar a un sistema que se presenta como objetivo parece, de pronto, irracional. Y ahí está el problema: la neutralidad aparente no elimina la discusión.
Es la misma tentación que enfrentan hoy las organizaciones con la IA. El riesgo no es usar datos para decidir, sino dejar de preguntar quién definió los criterios que esos datos ejecutan. Toda métrica lleva dentro una decisión humana previa sobre qué medir y dónde trazar la línea.
Por eso, pese a todas las cámaras, seguimos discutiendo el partido igual que siempre. El fútbol no es un problema de datos, es de interpretación. De saber leer la jugada. De seguir discutiendo en el verdadero “bar”, sin pantallas que dicten el veredicto. La conversación, el desacuerdo, es justo lo que ninguna inteligencia artificial puede reemplazar.
Pensar críticamente no es desconfiar del dato. Es saber cuándo no alcanza. Hay decisiones que un dato no debería cerrar.
Ángel Soto
Facultad Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes