Señor Director:
Esta sección ha perdido a uno de sus mejores colaboradores: Abraham Santibáñez Martínez. No solo fue un gran periodista. También fue un maestro. Es difícil que haya en Chile periodistas graduados en los últimos 42 años que no sepan quién era Abraham.
Fue mi mentor desde 1984, año en que, gracias a Silvia Pellegrini y Jaime Martínez Williams, empezó a dar clases en la Universidad Católica, pese a ser un conspicuo opositor al gobierno militar. Su materia era Periodismo Interpretativo, asignatura a la que brindó la que yo creo que fue su mejor obra: “La fórmula Time”.
El libro era fruto de una beca que le permitió conocer la revista norteamericana al derecho y al revés. Probablemente Abraham pensaba que tenía obras superiores o que sus aportes a la ética profesional eran más importantes, pero muchos nos enamoramos de esta profesión con ese libro que imitaba la portada de Time y su famoso recuadro rojo.
Hace tan solo cuatro días nos escribimos con motivo de su 88º cumpleaños. En su mensaje recordaba que, cuando nació, los tiempos estaban tan revueltos como ahora. Repasaba su vida y nos contaba sobre qué quería escribir. En un artículo reciente recordó también la bestialidad de Lonquén, el lugar donde Chile empezó a entender conceptualmente la tragedia de los detenidos desaparecidos.
Abraham hizo muchas cosas en su vida profesional y privada. Pero lo más importante, al final, es también lo más sencillo de decir: fue una muy buena persona. Hoy doy gracias a Dios por haberlo conocido.
John Müller