La última vez que Chile jugó en un mundial fue el 28 de junio del 2014, hace 12 años. Fue contra Brasil. ¿Recuerda? Minuto 119 y el bombazo de Pinilla pegó en el larguero. ¡Pucha que estuvimos cerca! Dos centímetros más abajo y la historia hubiese sido otra. Un triunfo en Belo Horizonte hubiese asegurado la renovación que tanto hoy pena.
¿En qué se parecen la selección nacional y la economía chilena? En que ambas viven de recuerdos y sueños.
El derrumbe de la productividad de nuestra escuadra es dramático. En las eliminatorias al mundial del 2014, Chile hizo 1,81 goles por partido y quedó tercero. En el proceso para Rusia 2018 se convirtieron 1,44 goles por partido. En el intento por clasificar a Catar 2022 solo 1,06 y en las eliminatorias al mundial que comenzó esta semana apenas 0,5. ¿Se da cuenta la farra? Nadie hubiese anticipado en septiembre del 2014 el fracaso en los tres mundiales siguientes. Otra similitud con la economía. En ese mismo mes se publicaron estimaciones del PIB tendencial futuro para Chile: 4,3% el 2015 y 2016; 4,4% el 2017 y 2018, y un fantástico 4,5% para el 2019. Es decir, la apuesta era al alza. Más perdido que el Tigre Gareca.
Volvamos al deporte. Entonces, el punto de inflexión fue posterior al 2014. Quizás las Copas América del 2015 y 2016 retrasaron el análisis de lo que estaba fallando —algo así como cuando Chile pasó de crecer un 1,4% (2017) al 4% (2018) y todos felices—, pero igual sorprende la poca reacción frente a lo que era evidente. Después de esos triunfos, ¿no debería haber alertado no clasificar al mundial del 2018? Nueva coincidencia: muchos se confiaron en que el progreso estaba asegurado en el fútbol.
¿Qué pudo haber impedido reconocer ese error de diagnóstico? La naturaleza humana. Mientras más reciente es el problema, menos probable es que los responsables lo asuman. En economía los tiempos son distintos, pero la lógica aplica. Ejemplo: ahora se argumenta que el inicio del estancamiento estuvo por ahí por el 2011 o 2012, tratando de alejarlo de lo que se hizo a partir del 2014. Como hincha de la UC siento afecto por Juan Antonio Pizzi, pero de ahí a obviar que en su gestión como entrenador (2016-17) hubo errores o que todo partió con Sampaoli es estirar mucho el elástico.
Y así llegamos al ingrato 2025. El 10 de junio Chile perdió con Bolivia y quedó matemáticamente eliminado de la Copa del Mundo 2026. Hasta el final había gente que tenía esperanza. Amorosos. Dado cómo se jugaba en ese momento, eso era como asumir que las predicciones de la Dipres serían acertadas. En julio del 2025, la institución estimó que el déficit estructural para ese año sería 1,8% del PIB. Terminó siendo 3,7%.
Así, en poco más de una década, pasamos de la euforia total a ser últimos en las eliminatorias y de tener un crecimiento del PIB tendencial del 4,5% a uno de 2%. Como suele decirse: “En el fútbol se gana, se empata o se aprende”. En economía, ¿cómo andamos por casa?