Señor Director:
La reciente circulación de panfletos que caricaturizan a José Antonio Kast —reproduciendo las facciones de Pinocho bajo la consigna “Kast Miente”— excede el margen histórico de la sátira política. No estamos ante la agudeza republicana de la extinta revista Topaze, ni ante el registro folclórico de las “piñericosas”.
Al abandonar el humor inteligente y abrazar la burla ramplona, la publicación desnuda una profunda orfandad programática. La mofa destemplada es el refugio de la insolvencia. Revela la incapacidad estructural para articular un discurso político denso y constructivo; cuando faltan argumentos para impugnar las tesis del adversario, se opta por demoler su fisonomía. Es, en su expresión más nítida, la instalación del bullying político como método de clausura del debate.
El mea culpa de la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, debe ser el hito definitivo para concluir la tentación de homologarse con la facción intransigente de Piñera II. Su postura impone clausurar una lógica de trinchera que hoy solo conduce a una estrategia infértil.
Hace dos años, la entonces coalición de Gobierno invocó de forma sistemática el Informe del PNUD de 2024, “¿Por qué nos cuesta cambiar?”, que recomienda terminar la revancha y el obstruccionismo en las oposiciones. En su momento, Giorgio Jackson formuló la necesidad de “romper la inercia” e inaugurar una nueva fase de interlocución entre bloques. Asimismo, durante el lanzamiento del libro de Carolina Tohá, el expresidente Gabriel Boric urgió a terminar con la caricaturización del adversario, advirtiendo que la verdadera radicalidad se mide en la capacidad de convocatoria y no en la estridencia. ¿Quedarán estas reflexiones suspendidas en el aire o se transformarán finalmente en un diseño estratégico?
La condena a este recurso no nace de una complaciente falta de humor, sino de la urgencia de actuar con responsabilidad en tiempos de alta polarización.
Cristóbal Osorio Vargas
Profesor de Derecho Constitucional U. de Chile