Señor Director:
La encerrona al ministro de Cultura, Francisco Undurraga, en una función teatral, el sábado 30 de mayo, en la que fue insultado “espontáneamente” por los asistentes y hasta por los actores de la representación, confirma la línea de acción contra los representantes del Gobierno que inauguró el 8 de abril el grupo de valientes militantes revolucionarios que agredió a la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, en la Universidad Austral de Valdivia.
El 29 de mayo, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, la diputada Javiera Rodríguez, del Partido Republicano, fue víctima de golpes y escupitajos por parte de los escuadrones de izquierda que consideran que la Facultad les pertenece y que tienen el poder de expulsar del recinto a cualquiera que piense distinto y se atreva a expresarlo.
Las funas no tienen relación alguna con la libertad de expresión. Constituyen una turbia manifestación de totalitarismo, conectadas con las peores formas de intolerancia y fanatismo que registra la historia, preámbulo de persecuciones y crímenes. Están, pues, emparentadas con el fascismo y el estalinismo, que dieron muestras elocuentes de cómo concebían el trato que debía darse a los adversarios.
La sociedad chilena recuperó las libertades con enormes sacrificios. Eso implica un orden legal cuyos límites debemos respetar, pero además un conjunto de valores que necesitamos defender para que el pluralismo sea posible y la paz interna no sucumba.
No puede haber, por lo tanto, indulgencia alguna frente a los grupos que buscan zaherir y humillar pública e impunemente a quienes ejercen cargos públicos. Si no defendemos el civismo, todo está en riesgo. Las funas suelen preparar el terreno a la agresión directa, como lo constatamos duramente en octubre de 2019.
Así las cosas, no podemos ceder ante la idea de que, algunas personas, por carecer de auctoritas (legitimidad moral) y solo poseer potestas (poder derivado del ejercicio de un cargo) merecen “recibir lo suyo”. Más vale que defendamos coherentemente la posibilidad de convivir en un marco de respeto y racionalidad. Se trata de la opción democrática.
Sergio Muñoz Riveros