Señor Director:
He leído con interés la carta de Rosario Corvalán, sobre la reciente presentación de La Pérgola de las Flores, y quisiera aportar una reflexión.
Comparto la preocupación: cuando una obra deja de ser arte para transformarse en puro vehículo de una tesis, pierde espesor, misterio y capacidad de interpelación. Sin embargo, es discutible concluir que toda irrupción de lo político de lo contingente en una obra constituya una degradación de su naturaleza artística.
Se cita a Byung-Chul Han para sostener que el arte contemporáneo tendería a comunicar una opinión preconcebida y a transmitir información, perdiendo silencio y autonomía. Pero el mismo Han ha desarrollado una crítica contra una sociedad donde todo se vuelve transparente, explícito y funcional. Su objeción no es al conflicto ni al contenido: es al agotamiento de la experiencia.
Allí asoma otra lectura. El arte no pierde su especificidad por dialogar con la historia o por tomar posición; la pierde cuando deja de producir experiencia y se convierte en mensaje plano. No es la presencia de una idea lo que destruye la obra: es la ausencia de forma, de espesor, de ambigüedad y de riesgo. El arte nunca ha sido un territorio esterilizado del mundo.
Decir que ir al teatro se parece cada vez más a asistir a un conversatorio o a escuchar un discurso presidencial, resulta injusto con el teatro y generoso con los discursos.
Un discurso político suele administrar señales, ordenar relatos y responder a contingencias.
El arte, incluso cuando interviene políticamente, opera de otro modo: desplaza, incomoda, abre capas de sentido que exceden lo que declara.
En la última Cuenta presidencial la cultura apareció reducida a brigadas de aseo de monumentos degradados, lejos de una reflexión sobre identidad, creación o libertad. Difícilmente puede confundirse ese lenguaje con la experiencia estética.
La pregunta no debiera ser si el arte debe o no hablar del presente. La pregunta es otra: ¿La obra abre el mundo o lo clausura? Y quizá esa sea precisamente una de las formas más altas de libertad. Defensa del arte, sí. De un arte vivo, libre y abierto al mundo.
Esperanza Silva
Actriz