Se anuncia nuevamente un cese del fuego en la guerra en Irán. ¿Por cuánto tiempo?, es la primera pregunta. Esta vez, junto con la prórroga por sesenta días del cese de hostilidades, se iniciaría un proceso de apertura del estrecho de Ormuz y de negociaciones sobre capacidades nucleares y levantamiento de sanciones iraníes. De prosperar las negociaciones, Irán recuperaría decenas de miles de millones de dólares embargados en el exterior y lograría el término de las restricciones para comercializar su petróleo en los mercados internacionales.
Al extender el cese del fuego y la apertura del estrecho de Ormuz, comenzaría a caer el precio de los combustibles, gradualmente. Pero los expertos anticipan que la normalización del suministro de gas y petróleo tardará varios meses. Enormes son los daños causados por drones y misiles iraníes a la infraestructura petrolera vecina. También se estima que los precios del petróleo no volverán a los bajos niveles anteriores al conflicto. Se ha introducido un riesgo significativo al mercado de los hidrocarburos, por la desconfianza en la duración y alcance de los acuerdos con Irán.
Aunque se desconoce el desenlace de las guerras en Irán y Ucrania, Vladimir Putin y Donald Trump están desde hace tiempo entrampados, también sus generales y almirantes, que no previeron la importancia de los drones que tienen inmovilizada una poderosa flota norteamericana en el Golfo Pérsico y, desde cerca de cuatro años, prácticamente detenidas, en la frontera ucraniana, las fuertemente armadas tropas de Rusia, tercera potencia bélica mundial. Cierto que para ocupar territorios no bastan los drones, se requiere de operaciones terrestres con riesgos de pérdida de vidas, como lo está experimentando Rusia en Ucrania, estimándose en un millón las bajas.
Trump y Putin anticipaban que en semanas forzarían la capitulación y cambios de régimen en Irán y Ucrania. Las esperadas rendiciones difícilmente ocurrirán, obligando a Rusia y a Estados Unidos, tarde o temprano, a transigir en sus pretensiones maximalistas, que incluían cambiar los regímenes iraní y ucraniano.
Putin y Trump ya perdieron sus guerras. No solo ignoraron su duración y consiguientes elevadísimos costos, sino que tampoco previeron la reacción y cohesión de los pueblos agredidos. Sus generales y almirantes se confiaron en sus poderosas fuerzas armadas, sin considerar el poder disuasivo y devastador de los drones y misiles adversarios. Se confirman los errores de cálculo de Trump y Putin, y que es más fácil iniciar una guerra que terminarla.