Señor Director:
Hemos leído la carta sobre los supuestos “esquemas laborales marcados” en restaurantes como Baco y no podemos evitar pensar que estamos llegando al punto de buscar problemas incluso donde no los hay.
La autora reconoce que la experiencia fue impecable: excelente comida, excelente atención y excelente ambiente. En cualquier sociedad razonable, eso debiera ser precisamente lo importante. Sin embargo, hoy pareciera que incluso una buena comida debe aprobar un examen ideológico antes de poder disfrutarse tranquilamente.
Resulta curioso asumir automáticamente que, si hombres y mujeres desempeñan funciones distintas en ciertos espacios, existe discriminación. Cuando uno lleva su auto al taller, la enorme mayoría de quienes trabajan ahí son hombres, y no lo interpretamos como una señal de inequidad estructural. Del mismo modo, existen bares donde atienden solo mujeres y restaurantes donde predominan hombres, sin que ello constituya necesariamente un agravio social.
La igualdad no consiste en imponer una distribución matemática de géneros en cada lugar de trabajo, sino en asegurar respeto, oportunidades y ausencia de discriminación arbitraria. Y nada en lo descrito respecto de Baco permite concluir lo contrario.
Hay algo agotador en esta tendencia a transformar cualquier diferencia observable en una polémica moral. A veces una barra tiene más hombres y las mesas más mujeres simplemente porque así se configuró espontáneamente un equipo humano, no porque exista una estructura secreta reproduciendo estereotipos entre copas de vino y platos franceses.
Cuando la comida es excelente, el servicio impecable y el ambiente respetuoso, quizá lo más sensato sea simplemente disfrutar la comida.
Sandra Kemp L.
Florencia Cummins S.
Soledad Eyheralde F.