Señor Director:
Antenoche asistí a una función del Teatro Municipal de Santiago para ver la conmovedora ópera La Bohème. Por algunas horas, la música, la puesta en escena y esa historia sobre el amor, la fragilidad y la pobreza humana lograron detener el tiempo. Pero al salir del teatro, el contraste golpea.
A pocos pasos de esa belleza sublime aparecen personas durmiendo en las veredas, suciedad, comercio informal y abandono. Lo mismo ocurre frente a la Biblioteca Nacional de Chile y en los accesos al Metro de Santiago, estación Santa Lucía: espacios que representan nuestra riqueza cultural conviven diariamente con una dolorosa precariedad humana.
La paradoja conmueve aún más porque La Bohème habla precisamente del frío, el hambre y la dignidad de jóvenes artistas pobres. Más de un siglo después, esa pobreza sigue ahí, solo que ya no sobre el escenario, sino en las calles de Santiago.
El Teatro Municipal de Santiago merece ser celebrado como símbolo de nuestra cultura. Pero quizás el verdadero desafío sea que la sensibilidad que despierta el arte no termine cuando baja el telón.
Doris Dannemann C.