Señor Director:
Estamos en un momento donde nuestros sentidos han perdido precisión para decirnos qué es o no real. Entramos a una red social y vemos un paisaje espectacular o un rescate heroico de un animal o leemos un testimonio impactante. Pero, en lugar de conmovernos, aparece la barrera de la sospecha.
Hoy, el primer filtro que aplicamos a un contenido no es cuánto me gusta, sino si es creíble. Ante el miedo a ser “engañados” por un algoritmo, hemos activado un mecanismo de defensa psicológico: el bloqueo emocional. Cuando no sabemos si lo que vemos es real, el cerebro lo clasifica como “interesante, pero posiblemente falso” y pasamos de largo.
El problema es que en ese proceso las creaciones 100% humanas están cayendo en el mismo saco de indiferencia. Al no haber una distinción clara, el contenido real empieza a sufrir el mismo desprecio que lo artificial. Por ello es urgente que las redes sociales y plataformas de interés público obliguen a declarar la influencia de la IA. Irónicamente, esto hará que la IA sea más querida y apreciada en su justa medida.
Hay varios países, entre ellos Chile, que están legislando para que sea obligatorio certificar el origen de cada publicación, y se han creado estándares técnicos que funcionan como un “pasaporte digital”.
Sin embargo, estas leyes y nuevos estándares se están quedando cortos, ya que no consideran la “granularidad de la procedencia”. Para que la gente pueda entender bien lo que está viendo, una “Paleta de Colores” puede ser una guía simple para todos.
Verde (100% humano): Lo que se ve, ocurrió; es el pulso de la realidad o la creación pura del hombre.
Amarillo (Asistido): Contenido real con mejoras técnicas de IA (limpieza de audio, retoques, edición básica).
Naranja (Híbrido): Cocreación donde el humano dirige y la IA genera partes significativas.
Rojo (Sintético): Creaciones generadas íntegramente por algoritmos, desde píxeles hasta datos que no existen.
Esta escala de colores nos permitiría bajar la guardia, volver a confiar. Así, lo real nos interesará por su verdad y lo artificial nos sorprenderá por su ingenio.
Rafael Fontecilla