Señor Director:
La reforma tributaria del Ejecutivo propone bajar la tasa de primera categoría, integrar parcialmente el sistema y eliminar el impuesto a las ganancias de capital. Ello implica que la política óptima de dividendos seguirá siendo repartir el mínimo legal de 30%, mientras el 70% restante podrá reinvertirse tributando solo 23%.
En la práctica, el capital reinvertido quedaría gravado a una tasa sustancialmente menor que la del trabajo, el cual llegaría a tributar hasta 40%. El 30% distribuido pagará además Global Complementario en el caso de personas naturales, mientras AFP y sociedades de inversión mantendrán una carga de 23%. Por su parte, los inversionistas extranjeros seguirán tributando una tasa integrada de 35% al repatriar utilidades.
Hoy el incentivo económico ya es distribuir el mínimo legal, pues las utilidades retenidas pagan 27% y eventualmente un 10% adicional sobre las ganancias de capital generadas por su reinversión. En cambio, al no existir integración completa, los dividendos distribuidos a personas naturales pueden enfrentar tasas totales de hasta 44,5%.
Así, el sistema continúa generando una diferencia difícil de justificar: el trabajo termina pagando más impuestos que el capital, incluidos inversionistas extranjeros.
¿No sería más simple y equitativo establecer una tasa plana de primera categoría de 30%, totalmente integrada, junto con una tasa máxima de Global Complementario también de 30%? Ello permitiría igualar la tributación entre capital y trabajo, reduciendo distorsiones y espacios de elusión.
Paul Fontaine B.
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