La mayor crisis bélica de la historia ocurrió en octubre de 1962, la inminente guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La crisis surgió de la instalación, por Rusia, en Cuba, de misiles de largo alcance con ojivas nucleares. Los proyectiles tenían capacidad de bombardear Nueva York y Washington D.C.
Hay aspectos de tal crisis, llamada de los misiles, que parecen repetirse en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Churchill y otros pensadores han reiterado que “los que ignoran el pasado están forzados a repetirlo”.
Los gestores de ambas crisis, Nikita Khrushchev y Donald Trump, de conductas similares, negociaron amenazando con el poder nuclear. El historiador Max Hastings, en su obra “Abismo”, afirma que Khrushchev repetía una máxima de Lenin, “primero lanzarse y luego ver qué pasa”. Trump parece actuar del mismo modo, sin plan B.
El Presidente John F. Kennedy —en medio de los debates sobre cómo reaccionar a la amenaza nuclear soviética— resumió que las opciones eran “negociar, bombardear o invadir”. El Presidente, en desacuerdo con consejeros militares y civiles, se manifestó siempre por la negociación, desechando una eventual invasión y bombardeo, que no garantizaba la destrucción del 100% de los proyectiles nucleares y que, según los mismos asesores, requería sobre cien mil soldados para controlar la isla, lo que tardaría más de un mes. Entonces la población cubana apenas superaba los siete millones, en tanto Irán tiene una población superior a 90 millones y su territorio excede 14 veces al cubano.
Otra forma para gestionar la crisis surgió del secretario de Defensa, Robert McNamara, que dispuso el bloqueo. Tal fórmula permitió extender la negociación hasta lograr una salida honorable para ambas partes. La solución es conocida: Rusia retiró los misiles en Cuba, a cambio del compromiso de Estados Unidos de retirar los suyos en Turquía y comprometerse a no invadir Cuba.
Por el momento, no se avizora cómo solucionar el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Los mayores obstáculos son la convicción iraní de que solo puede sobrevivir si desarrolla su poder nuclear y la desconfianza mutua; en particular, que lo convenido sea respetado por Trump.
Parecería que no quedaría otra solución más que la de que la seguridad de cumplimiento de los acuerdos de desmantelar los programas nucleares y misiles iraníes, y de no invasión ni bombardeo por Estados Unidos, la otorgue un tercero con poder equivalente a EE.UU., y no hay otro que China. Así, las tres partes deberían estar intentando convenir que cualquier ataque, bombardeo o invasión a Irán sea considerado como si fuera a China, algo parecido a como está pactado entre los países de la OTAN ante un ataque externo. Sabemos que siempre se debe pagar por las garantías, y no sabemos lo que cobraría China a las otras dos partes.