Señor Director:
“El Mercurio” ha abierto un interesante debate acerca de Lenin. Se trata sin duda de una de las figuras más importantes en la historia de la política y la ciencia que la estudia. Encabezó una de las principales revoluciones sociales modernas e inspiró varias de las que le sucedieron, incluida la Revolución Chilena, encabezada por el presidente Salvador Allende.
Los 50 tomos de sus obras completas fueron estudiados y sintetizados rigurosamente por la gran teórica chilena Marta Harnecker.
Ella concluye que su principal aporte a esta ciencia es el descubrimiento que este fenómeno secular, la manifestación más elevada de la acción humana colectiva, que ha sucedido siempre y es la manera en que el pueblo trabajador se hace respetar, es siempre inesperada, pero nunca estalla por azar. Culmina el curso cíclico que sigue su participación en política a lo largo de décadas, siempre a través del oleaje de continuos avances y retrocesos. Permite resolver las pugnas entre fracciones de “los de arriba”, en favor de aquellas dispuestas a realizar las reformas en cada momento necesarias.
Es decir, las necesarias para remover las relaciones de propiedad que han devenido en abusos y entraban el subsecuente desarrollo de las sociedades, y cuya postergación ha deslegitimado la autoridad política hasta generar una crisis política nacional o situación revolucionaria.
Las revoluciones que cambian época, como la encabezada por el presidente Allende, acaban con clases sociales completas; la que hoy cursa en Chile, requiere restablecer las limitaciones a la propiedad privada suprimidas por el “Estado subsidiario”, impuesto el 11 de septiembre de 1973.
Los ciclos descritos son para Lenin un fenómeno “objetivo”, en el sentido que excede la capacidad de grupos y personas, que denomina su “factor subjetivo”, para generarlo o acabarlo, pero que sí pueden influir leve y gradualmente sobre su trayectoria al modo de un pequeño timón en la de un transatlántico.
Lenin ha recobrado vigencia al hundirse en estos días los cimientos que en las últimas décadas sustentaron la ilusión de reducir la política, la más importante de las actividades humanas, porque pueden marcar el destino de millones, a lo que, siguiendo a Marx, denominaba “cretinismo parlamentario”.
Manuel Riesco
Vicepresidente Cenda