El ataque frustrado contra Donald Trump y otras autoridades, en el hotel Hilton de Washington, da cuenta del peligroso ambiente de violencia que vive Estados Unidos, en un clima polarizado que exacerba las diferencias políticas. Todo, unos meses antes de lo que serán las trascendentales elecciones legislativas de mitad de mandato. La oportuna acción de los agentes del Servicio Secreto evitó que el atacante entrara al salón donde se desarrollaba la cena anual de la prensa, en la que por primera vez estaría el Presidente, quien había rechazado las invitaciones en su gestión anterior, al igual que el año pasado.
Era este último un importante cambio de actitud, porque Trump ha tenido una complicada relación con los medios de comunicación, a muchos de los cuales acusa de estar alineados con la izquierda y de esparcir noticias falsas sobre sus actuaciones. En declaraciones posteriores, el mandatario tuvo palabras de unidad e incluso bromeó diciendo que el discurso que tenía preparado era muy duro con los periodistas, pero que en ese momento, tras el incidente, estaría dispuesto a usar palabras más amables. Esta luna de miel duró solo hasta que el Presidente se enfrentó duramente con una entrevistadora que le leyó párrafos de la nota que habría dejado el atacante, en la que lo tildaba de violador. Más tarde, el mandatario lanzó un mensaje en sus redes sociales llamando a despedir a un comediante que —horas antes del frustrado ataque— se había referido a su esposa Melania como una “viuda en espera”.
Los conflictos de Trump con la prensa son de larga data. Muchos piensan que el Presidente no tiene respeto por la libertad de expresión, un derecho garantizado en la Constitución y que es básico para el sistema democrático. Amenazas de quitar las licencias o cortar financiamiento a emisoras públicas, procesos judiciales a respetables diarios y revistas, así como dejar fuera de la sala de conferencias a agencias de noticias son algunas de las medidas que ha usado la Casa Blanca para “castigar” coberturas que no son de su agrado. Trump tiene además varias millonarias demandas interpuestas contra medios tan importantes como The New York Times, Wall Street Journal y BBC, y ha llegado a acuerdo con otros como ABC y Paramount, que pagaron 15 y 16 millones de dólares, respectivamente, para evitar ir a juicio. Esta complicada relación parecía suavizarse con la presencia del Presidente en el Hilton, el mismo lugar en el que Ronald Reagan sufrió un atentado en 1981.
Lo cierto es que, al margen de todo esto, en el clima de polarización que se vive en EE.UU., con discursos políticos agresivos y donde las diferencias se ven como asunto de vida o muerte, el aumento de la violencia política resulta alarmante. Si bien casos como este último pueden ser catalogados como aislados y provocados por una persona enferma, los dos atentados anteriores dirigidos a Trump; el asesinato de una legisladora demócrata de Minnesota junto a su marido, en junio pasado; el del influencer Charlie Kirk, o el atentado contra el esposo de la excongresista Nancy Pelosi son muestras de que la violencia política parece normalizarse. En este contexto, se debería cuestionar también la venta y uso tan libre de armas de fuego, incluidas las de grueso calibre, pero este es otro de los temas que polarizan fuertemente al país.