Señor Director:
El lunes 27 de abril, en Tele13 Radio, la exministra del Interior Carolina Tohá coincidió con el diagnóstico del general director de Carabineros, Marcelo Araya, respecto de la necesidad de una mayor dotación de carabineros.
En la visión de Tohá, el problema es causado por la aparición de nuevas alternativas profesionales para los jóvenes, la preferencia por carreras en seguridad privada, el surgimiento de formas de criminalidad más peligrosas y que durante el estallido mucha gente se retiró porque se puso “muy cuesta arriba todo”.
Curioso eufemismo este último: buena parte de la izquierda socavó la legitimidad de las policías y de la acción estatal, los llamó criminales, llegando incluso a insultarlos con consignas como “ni tuya, ni yuta” o “maraca, pero nunca paca”. Se maltrató políticamente a la institución, volviendo prácticamente imposible que su acción fuera vista como legítima.
Eso era lo que estaba en juego cuando se pedía una condena a la violencia callejera: no se trataba de un mero gesto bienintencionado, sino más bien de demarcar la línea entre la manifestación permitida y aquella que no lo era. Una institución que no puede ejercer autoridad sin ser tachada de criminal difícilmente resulta atractiva como vocación. No sorprende, entonces, que menos gente quiera dedicar su vida al servicio en las policías. Efectivamente, las cosas se pusieron cuesta arriba.
Rodrigo Pérez de Arce P.
Faro UDD