Señor Director:
En su editorial de ayer domingo 26 de abril, titulado “Mensaje de Carmona”, se critica severamente la doctrina leninista del Partido Comunista de Chile. Desde una perspectiva teórica, esta dura crítica se centra en lo que sería la adscripción del PC a “doctrinas fundamentalmente antidemocráticas”, en las que “la violencia juega un papel esencial”. Posteriormente, el texto detalla una serie de hechos de violencia referidos al Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).
Me llama poderosamente la atención, en este contexto, que el editorial no mencione ningún supuesto hecho antidemocrático y de violencia en el que haya incurrido directamente el PC de Chile. La línea editorial de su periódico, que ha registrado los hechos históricos más importantes del país desde el año 1900, desconoce de esta forma el apego estricto que ha tenido el PC de Chile a la institucionalidad democrática del país. En su tradición también centenaria, el Partido Comunista de Chile ha demostrado sistemáticamente un respeto profundo a la Constitución y el Estado de Derecho.
Baste recordar en este sentido el rol fundamental que tuvo el PC en el respeto a la Constitución durante la Unidad Popular. En este contexto, y ya en los años ochenta, transcurriendo la dictadura civil-militar, la creación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez —que, siguiendo la lógica de su editorial— podría tildarse como una opción violenta, respondió a condiciones históricas bien especiales. Su fundación —y posterior accionar— estuvo legitimada por el Derecho a la Rebelión consagrado, entre otros documentos, en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.
Así, el argumento del editorial se torna problemático principalmente por el hecho de que a partir de un caso histórico bien específico (la experiencia soviética) se infiere que cualquier forma de leninismo llevaría a esos mismos resultados. De esta forma, se le niega al PC de Chile su condición de entidad política autónoma y soberana, con la capacidad de impulsar variaciones históricas y reinterpretaciones doctrinarias.
Ignacio Schiappacasse Bofill
Investigador del Centro de Investigación en Economía y Sociedad – ESOC
Universidad Central de Chile