El Gobierno impulsa un plan para proteger a los niños de los peligros que esconde el internet. Se trata de sumarse a una ola global (siguiendo a países como Australia, Francia, España, Noruega o Indonesia), y exigir a las mismas plataformas que impidan la creación de cuentas a menores de 16 años.
Los protagonistas de la iniciativa son la ministra Wulf y el senador Squella. El apoyo, sin embargo, es transversal. ¿Quién estaría en contra de proteger la salud mental de los niños? El exministro Nicolás Cataldo (PC), por ejemplo, fue quien puso las primeras piedras al impulsar la prohibición del uso de celulares en todos los colegios del país.
El argumento para dar celulares “inteligentes” desde temprana edad no dice relación con ventajas educativas, ni recreativas, sino que se funda en algo mucho más prosaico: en que “todos tienen uno”. Es decir, nadie quiere dejar a su hijo “marginado” de la vida social del curso. Así las cosas, el 82% de los niños chilenos de entre ocho y 12 años son dueños de un smartphone (Radiografía digital 2024, realizada por Claro VTR y Criteria). Es una burbuja de locura. Los alumnos se exponen a problemas graves de salud mental simplemente porque los demás también lo hacen.
Pero el mundo está despertando. Porque ahora “todos saben que todos saben”. Este es el acertado juego de palabras que propone el psicólogo de Harvard Steven Pinker en su último libro, “When Everyone Knows That Everyone Knows” (Sribner, 2025). En otras palabras, la burbuja de la locura se está desinflando. Como explica Jonathan Haidt, el autor de referencia detrás del giro mundial hacia la restricción: “Nada cambia durante muchos años hasta que ocurre algo que permite que todos sepan que todos lo saben también, y que todos saben que todos saben que todos saben. Una vez cruzado ese umbral, se hacen posibles nuevas formas de coordinación”.
En efecto, se ha acumulado tanta evidencia en contra del uso de redes sociales por menores que ya nadie puede alegar ignorancia. Así como en el pasado se descubrió que los cigarros eran “dispositivos instantáneos de nicotina”, ahora sabemos que los celulares con internet y redes sociales son “dispositivos instantáneos de dopamina”.
La dificultad, por tanto, no está en “saber que se trata de un problema de salud pública”, sino en ponerse de acuerdo para postergar la entrega de los aparatos. Por eso, el mejor favor que puede hacer un gobierno a los padres es ofrecerles una coartada para “decir que no” tranquilos. “No te doy redes, hijo querido, porque es ilegal”. Y esa misma coartada es ideal para los mismos adolescentes. De hecho, muchos de ellos me han dicho que preferirían no tenerlas, pero se sienten obligados a “vivir en ellas” simplemente porque los demás también “viven ahí”.
—Padre, estoy cansado —me decía un alumno de 4º medio, mientras caminábamos por el patio de su colegio.
—¿De qué?
—De ver pornografía. No sé cómo parar. Ayer quería estudiar matemática, y no pude. Me quedé atrapado en la pantalla.
—¿Cuándo empezaste?
—En 7º.
—¿Y ese comienzo tuvo relación con el smartphone?
—A ver… Me regalaron el celular y a la semana siguiente conocí la pornografía.
—¿Qué harías si pudieras volver en el tiempo?
—Oh… Volvería a 6º básico y le rogaría a mi papá que por favor sea más duro conmigo. Le diría que por favor no me haga caso cuando le diga que quiero redes sociales, porque ¡no las quiero!, ¡nunca las quise! Es que… de verdad, no sé por qué me hicieron esto: ¿para qué infiltraron a un ladrón en el bolsillo para que me robara unas 4.000 horas de vida?... Perdón, ¿qué digo? ¡5.000!
Muchos alumnos, cuando salen del colegio, adquieren conciencia de su desventaja. Se sienten parte de una “generación perdida”, es decir, se dan cuenta de que no recibieron la educación de excelencia que podrían haber recibido en otras condiciones. No culpan a sus padres, pues recién ahora el riesgo se ha vuelto evidente, pero de una cosa están seguros: a sus hijos, cuando llegue el momento, los van a proteger mejor. Y para ese cometido, el plan del Gobierno los ayudará. Pues, cuando el niño diga: “Papá, dame redes… porque todos tienen”, el padre podrá responder: “No puedo… porque es ilegal”.