La medida fue solicitada por el jefe del ejército de Pakistán, mediador del conflicto. El día antes, el vicepresidente J. D. Vance canceló su viaje a Islamabad debido al estancamiento en los cinco puntos básicos: fin del enriquecimiento de uranio; limitar el programa de misiles iraní; libre navegación en el estrecho de Ormuz; fin de sanciones económicas, y término del apoyo iraní a Hezbolá y sus milicias regionales.
A la pausa bélica siguió la prórroga también indefinida del bloqueo del estrecho de Ormuz por EE.UU., cuyo levantamiento es para Teherán condición para retomar las negociaciones. El costo del cierre se estima en US$ 300 millones para Irán, y de mantenerse, podría derivar en la pronta paralización de su industria petrolera, por colapso de la capacidad de almacenamiento. La situación se agrava por la captura de naves infractoras del bloqueo, tanto por EE.UU. como por Irán, y por el minado iraní del estrecho. Mientras tanto, el barril de petróleo se empina sobre 100 dólares y EE.UU., con la incorporación del portaaviones “George HW Bush”, continúa fortaleciendo su poder militar en la zona, el mayor despliegue desde la guerra de Irak.
Otro factor que dificulta las negociaciones serían supuestas divisiones internas entre el ejército, la guardia revolucionaria y líderes religiosos y civiles iraníes. La mención de Trump a la necesidad de recibir propuestas “unificadas” antes de levantar el bloqueo es indicación de ello.
Ante tal sombrío panorama, muchos expertos anticipan un escalamiento debido a la firmeza de Teherán, ante lo cual Trump podría concretar alguna de sus amenazas, mediante bombardeos que obligarían a Irán a reaccionar con misiles dirigidos a Israel y Estados vecinos. Para muchos, Trump está forzado a buscar una salida a una guerra imposible de ganar, impopular incluso entre sus partidarios, resistida por sus aliados en la OTAN, costosa económicamente para EE.UU. y el resto del mundo. El problema de fondo es la desconfianza entre ambas partes y la rigidez de sus posiciones. Irán parece convencido de que su sobrevivencia dependería de su capacidad nuclear y de misiles que, según Washington, amenazan la seguridad y paz de Israel y Medio Oriente.
Perú bajo sostenidas inestabilidades
A la prolongada espera de los resultados de las elecciones —el cómputo final se podría dilatar hasta los primeros días de mayo— se sumó el repentino desacuerdo dentro del gobierno peruano sobre la compra, por US$ 3.500 millones, de 24 aviones F16 Blok70, norteamericanos, versión más avanzada del modelo adquirido por la Fuerza Aérea de Chile.
El Presidente José María Balcázar —octavo en ocho años— se negó a suscribir la compra convenida por su predecesora, Dina Boluarte, postergando la firma y pagos hasta que lo decida el futuro Presidente. La postergación suscitó un reclamo y velada amenaza del embajador de EE.UU. y la renuncia de los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores. Este último, sucedido por Carlos Pareja, de brillante desempeño diplomático en varios países, y como embajador y ministro consejero en Chile. En el Congreso habría parlamentarios dispuestos a destituir a Balcázar. Finalmente, se pagó una cuota de US$ 420 millones.
En tanto, las fallas logísticas en la operación del sistema electoral forzaron la renuncia del director de ese servicio, por su responsabilidad en la oportuna distribución del material respectivo, que obligó a extender por un día más las votaciones en un sector de Lima. A la fecha, los sufragios escrutados oficialmente mantienen a Keiko Fujimori, cómodamente, por sobre el izquierdista Roberto Sánchez, en estrecha disputa este con Rafael López Aliaga, derechista que impugna la validez del resultado.
Primer ministro británico, sin liderazgo
Sir Keir Starmer, utilizando la forma más banal de disculparse, trasladó a terceros la responsabilidad del desacertado nombramiento como embajador en Washington de Peter Mandelson, controvertido ideólogo y exministro laborista, conocido como “príncipe de las tinieblas”.
Frente al Parlamento, Starmer se descargó en el jefe del Servicio Exterior, Olly Robbins, por no haber avisado de antecedentes que permitían vetar tal nombramiento. Opositores y algunos oficialistas insisten en la responsabilidad del premier y su falta de criterio, considerando la mala reputación y conocidos abusos de Mandelson en cargos anteriores, independiente de su cercanía con el pedófilo Jeffrey Epstein. El Financial Times editorializó sosteniendo que la incapacidad de Starmer para imponerse a presiones de su jefe de gabinete en el nombramiento confirma su escasa autoridad para conducir el gobierno y cumplir las promesas del laborismo de estabilidad y liderazgo. A la vez, está en duda que la exitosa negociación de favorables tarifas para las exportaciones británicas fuera obra de Mandelson y Starmer , y no de la “especial relación entre Gran Bretaña y Estados Unidos”, hoy tensionada debido a la falta de apoyo a Trump en el conflicto con Irán. Así, la permanencia de Starmer más bien obedece a la falta de alternativas y al desprestigio que traería para el laborismo un cambio de Primer Ministro en tan poco tiempo.
En tanto, la visita del rey Carlos a EE.UU., esta semana, podría descomprimir tensiones, siendo Trump probritánico y susceptible a los halagos, honores y formalidades de la realeza. El mandatario, repetidamente mencionado en los archivos de Jeffrey Epstein, y el monarca, por el involucramiento de su hermano Andrés, comparten delicadas repercusiones en ese infausto caso.