Señor Director:
A propósito de la carta (ayer) de J. Guillermo Valenzuela, a raíz de mi reciente columna sobre la muerte de Alonso Quijano el Bueno, que agradezco, me permito comentar que lo que señala ese lector es que la figura de Don Quijote “se diluye” al momento de enfermar y morir para dar paso a Alonso Quijano, que es precisamente lo que yo habría querido evitar.
Pero tal disolución no se produce realmente, porque siempre se puede volver a las páginas previas a ese momento, para recuperar así toda la incorrección política del personaje.
Más allá de la carta del señor Valenzuela, mi apreciación es que en este momento del siglo XXI existe el riesgo de ponernos o declararnos todos demasiado estoicos, quienes, como se sabe, trazaron el camino de la virtud para alcanzar la siempre improbable felicidad, desechando la vía del placer.
Agustín Squella