Señor Director:
Caminando por el centro de Santiago el viernes a mediodía, me encontré con una persona en condición de calle, que estaba quejándose y con lágrimas de dolor debido a una artrosis severa que le impedía movilizarse. Decidí apoyarlo y gestionar su traslado a algún centro asistencial.
Llamé al 131 (Ambulancia), número en el cual después del quinto intento me respondieron solo para indicarme que me llamarían de vuelta para confirmar, llamado que habiendo esperado 30 minutos nunca llegó. Hice otras gestiones que no prosperaron, y después de dos horas, debido al gran dolor del afectado, en un taxi llegamos a la Posta Central, donde fue atendido y evaluado.
Me pregunto: ¿Es Chile un país justo y digno? Mas que luchas ideológicas en diferentes áreas utilizando los conceptos de “justicia y dignidad” (vivienda, delitos, derechos humanos y sociales, entre otros), sentí una profunda impotencia al ser testigo del gran abandono en el que se encuentran las “personas en condición de calle” (PPC en la jerga de seguridad pública), compatriotas como usted o como yo.
Ruego a Dios e invito, comenzando por todos los sectores políticos, a recuperar el alma de Chile para que seamos un país más unido, que no pierda nunca el norte verdadero de la libertad y dignidad humanas, porque los más desamparados nos necesitan y se lo merecen, y día a día este abandono clama al Cielo por justicia.
Ellos debieran ser los primeros de la lista, ¿no cree el lector lo mismo?
Francisco Romero Iragüen