Señor Director:
Recuperar la ciudad para las personas no es solo una consigna. Significa rehabilitar los espacios públicos, especialmente aquellos que convocan a la ciudadanía a habitar, recorrer y disfrutar la ciudad.
Por eso, el abandono de una obra emblemática como el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), así como la paralización de la tercera etapa de la ciclovía de la Alameda representan un grave daño para Santiago. No se trata de iniciativas improvisadas: hablamos de proyectos con más de 10 años de desarrollo, largos procesos de tramitación administrativa y más de $2.000 millones invertidos en sus diseños. Hoy, cuando el contrato ya estaba adjudicado, se decide ponerle término, obligando al Estado a desembolsar cerca de $6.000 millones solo en compensaciones.
Pero el daño no es solo material. Una obra abandonada deteriora el entorno, fomenta la incivilidad, aumenta los riesgos y, quizás lo más grave, instala la desconfianza en la ciudadanía respecto de la capacidad del Estado para cumplir su palabra. Se refuerza así la idea de que cada cambio de gobierno implica también el abandono de proyectos que debieran ser políticas de Estado.
No paralicemos el cambio. Terminemos las obras que ya están en curso. Santiago no puede permitirse ser una ciudad a medio hacer, ni menos convivir con proyectos abandonados en su principal eje urbano.
Claudio Orrego Larraín
Gobernador de Santiago