Señor Director:
El mayor signo de madurez política de un país es que los gobiernos construyan sobre lo obrado por sus antecesores. En las repúblicas bananeras, por contraste, la historia comienza de nuevo con cada administración, que descarta todo lo anterior porque solo lo que ella concibe puede tener valor. La equivocada decisión del gobierno del Presidente José Antonio Kast de no terminar la construcción de la segunda etapa del GAM nos aleja de la madurez y nos acerca a esa segunda y lamentable práctica.
Por mucho que se esgriman razones técnicas y financieras, la (i)lógica tras esta decisión es política. Para entenderlo basta un ejercicio de política-ficción: si la segunda etapa del GAM hubiese sido concebida e iniciada por una administración de derecha, ¿se habría negado el actual Gobierno a terminarla? Por supuesto que no.
El Estado de Chile ya ha desperdiciado miles de millones de pesos con las postergaciones que sufrieron etapas anteriores de este proyecto. Al cancelarlo ahora que la obra gruesa está construida y la construcción final adjudicada, el Estado volverá a malgastar sumas millonarias. Y las pérdidas evitables se multiplicarán cuando un futuro gobierno retome las obras (¿acaso alguien puede pensar que una de las esquinas más emblemáticas de la república quedará abandonada y tapiada para siempre?), porque la estructura estará deteriorada, y los estudios técnicos, obsoletos.
En suma: pierden las finanzas públicas, pierde la cultura nacional, pierde nuestra madurez política. Cuesta imaginar una decisión más descabellada.
Andrés Velasco