Señor Director:
Resulta difícil entender por qué toda rebaja tributaria debe ir necesariamente acompañada de nuevos impuestos para mantener inalterada la recaudación. Esta lógica descansa en una premisa discutible: que el Estado siempre gasta bien y que, por ende, requiere todos los recursos que hoy recauda.
La realidad demuestra lo contrario. Los ejemplos de ineficiencia, despilfarro y mala gestión abundan. Pretender que no existen espacios de ajuste es, en el mejor de los casos, una falta de autocrítica o, en el peor, una renuncia a mejorar.
Antes de exigir más recursos a los ciudadanos, el Estado debiera asumir como prioridad revisar y optimizar su propio gasto. No es razonable seguir cargando a las personas con mayores impuestos sin antes asegurar un uso responsable y eficiente de lo ya recaudado.
Bajar los impuestos no solo aliviaría el bolsillo de los chilenos, sino que también podría impulsar la actividad económica. Pero, sobre todo, obligaría al Estado a hacer lo que corresponde: gastar mejor.
Juan Ignacio Olivos B