Señor Director:
Lo más alarmante de la actual discusión en torno a la reforma tributaria no es el escandaloso analfabetismo económico de quienes se oponen a ella, sino la premisa sobre la que se funda todo el paradigma del debate: que los “ricos”, es decir, dueños de empresas, no tienen un legítimo derecho de propiedad sobre todos los ingresos que generan.
El argumento central para defender la reforma no debería ser utilitarista —menos impuestos=más empleo— sino moral: quien ha creado riqueza tiene un sagrado derecho de propiedad sobre ella que no puede violarse por un supuesto interés colectivo.
Al insistir solo en que lo más relevante es que la reforma no beneficia a los “ricos”, los defensores de ella confirman, sin querer, la premisa socialista según la cual es malo ser rico, pues ello reflejaría una injusticia social que debe ser corregida mediante impuestos.
En ese sentido, quienes piensan solo en términos de los grupos favorecidos con la reforma tributaria deberían preguntarse si acaso la confiscación total de la riqueza de los “ricos” con impuestos de 100% se justificaría moralmente si fuera cierto que beneficia al resto de la sociedad.
Axel Kaiser