Señor Director:
Con el auge de la inteligencia artificial, las ciencias exactas viven un momento estelar. La vieja pregunta de “¿para qué me va a servir esto en la vida real?” está quedando, por fin, atrás. Sin embargo, hemos pasado del desprecio a la manipulación técnica: hoy se utiliza el análisis funcional para justificar posturas preestablecidas, generalmente bajo un manejo de una sola variable.
En economía se usa el término ceteris paribus para aislar un factor, pero en el debate público se ha vuelto una herramienta de distorsión. Vemos argumentos de primer orden (crecimiento o decrecimiento) e incluso de segundo orden (variaciones en las tasas), donde cada actor escoge la variable que más le conviene para validar su relato. Es, en esencia, disparar primero y pintar la diana después.
Un principio básico del cálculo ilustra este engaño: cuando dos variables se acercan a cero [(x-y)/(x+y)], el resultado final depende totalmente de la trayectoria que sigan. Al forzar la desaparición de una variable antes que la otra, cualquier manipulador puede elegir el resultado que le plazca. En la realidad, omitir esa trayectoria no es un error de cálculo, es una distorsión de la verdad.
Las ciencias exactas deben servir para iluminar la complejidad de los fenómenos, no para simplificarlos a conveniencia de un argumento previo.
Pierre Romagnoli
Decano Facultad de Ciencias Exactas
Universidad Andrés Bello