Señor Director:
La igualdad del voto es un principio esencial de la democracia. El voto igualitario está contemplado en el artículo 15 de la Constitución. También en la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Pero no basta que todos tengamos un solo voto, también importa que el valor de dicho voto sea similar a la hora de elegir a quienes nos representan en los cuerpos colegiados, como el Parlamento.
Nuestra Constitución establece que el Senado se elija en consideración a las regiones del país. Esto favorece enormemente a las regiones pequeñas, que quedan sobrerrepresentadas. Es así que la Región Metropolitana, con el 40% de la población, elige apenas el 8% de los senadores. Por lo mismo, se debería considerar que en la Cámara de Diputados, los territorios elijan en proporción a la población para estar todos justamente representados.
El antiguo sistema binominal no cumplía está condición. Pero el nuevo sistema llamado proporcional, aprobado en el segundo gobierno de Bachelet, a pesar de su nombre, tenía una distribución inicial de los escaños muy poco proporcional y arbitraria, con algunas inequidades inaceptables, como que la Región de Atacama, con menos habitantes que Tarapacá, elegía cinco diputados, cuando Tarapacá, con más habitantes, elegía solo tres. Había otros casos similares. La Región de Los Ríos, con 2,2% de la población elegía el 3,2% de los diputados, y La Araucanía, con el 5,4% de población, elegía el 7,1% de los diputados. La Región Metropolitana, en cambio, muy subrepresentada: con el 40% de la población elegía el 30,3% de los diputados.
Pero también es cierto que el cambio del sistema contempló legalmente que cada diez años se corrigiera la distribución de los escaños en los distritos en forma proporcional a la población del último censo. Eso es lo que recientemente hizo el Consejo Directivo del Servicio Electoral en base al censo 2024. Pero la fórmula matemática contiene un mínimo de tres escaños por distrito, que sigue favoreciendo a los distritos de Arica, Atacama, Araucanía Norte, Aysén y Magallanes, que con su baja población no alcanzan por sí solos a los tres diputados. También, la fórmula tiene un máximo de ocho diputados por distrito, que perjudica a un distrito de la Región de Valparaíso, a otro del Biobío y a cinco de la Metropolitana, cuya proporción de población les daría más que los ocho diputados.
Con todo, si bien la Región Metropolitana mejora su representación, sigue perjudicada por los máximos y mínimos, eligiendo el 34,8% de los diputados con el 40% de la población. Lo cual igual genera una mejor representación de las demás regiones que su población, especialmente las de menor población.
El cambio implica que nuestro voto tendrá un valor más parejo que antes, a la hora de elegir diputados. Eso es lo importante. Las críticas de los diputados de los distritos que disminuyen su representación no tienen mayor razonamiento, defienden un privilegio que no tenía ningún fundamento.
Andrés Tagle Domínguez