Hace poco escribí una columna sobre “El cuento de la criada”, la novela distópica, de 1983, en que Margaret Atwood describe el surgimiento de un país llamado Gilead en el noreste de Estados Unidos. Gilead es una dictadura teocrática en que los súbditos son sometidos a una religión que recurre a citas bíblicas, pero que en realidad es inventada, siendo sus mandamientos nada más que los que le sirven al gobierno para mandar. La novela me parecía inquietantemente predictiva en cuanto a abuso de la religión. Estas últimas semanas me lo ha parecido aún más. Pienso que el Papa tiene la más abundante razón cuando dice que están manipulando “las religiones y el mismo nombre de Dios para servir a intereses militares, económicos y políticos”.
Sabemos cómo lo hace Irán. Pero Estados Unidos se está contagiando.
En ese sentido, abril ha sido notable.
Partió el mes con una ceremonia “religiosa” en la Casa Blanca. Fue liderada por Paula White-Cain, la “asesora espiritual” del Presidente Trump. Con otros pastores a su lado, ella le agradece a Trump por sus sacrificios. Casi le costaron la vida, dice. “Usted también fue traicionado, detenido y falsamente acusado”, agrega. Pero “no terminó allí para Él como tampoco para usted… Usted se levantó gracias a la resurrección de Él… Dios quiere que yo le diga que gracias al triunfo de Él usted triunfará en todo lo que hace”.
Trump, parado atrás, asiente. No sorprende entonces que aparezca poco después como Jesucristo sanando a un enfermo, si bien el 5 de abril, domingo de Resurrección, se olvida y amenaza con liquidar toda la civilización de Irán.
Paula White-Cain es, por cierto, bien especial. Hay un video pro-Trump en que corre y corre de un lado a otro gritando “victoria”. Enseguida repite y repite que vienen ángeles, muchos ángeles, y como para comprobarlo emite palabras novedosas. “Amanda asa ata rasa basa sanda ata osa casa rice”, grita, corriendo y gesticulando. ¿Será para que la victoria de Trump se acelere?
Pero eso no es todo. Como bien se sabe, Trump ha estado atacando al Papa, quien, según él, solo es Papa gracias a él. Su vicepresidente, J. D Vance, desde 2019 ultracatólico, lo secunda el 14 de abril. Le pide al Papa que se ciña “a la verdad”, como si fuera un mentiroso cualquiera. Es “muy importante que el Papa tenga cuidado cuando habla de temas teológicos” dice. ¿Será que Vance está fraguando su propio catolicismo, para no quedarse atrás en la carrera por inventar religiones?
Pero hay más aún. El jueves pasado, Pete Hegseth, secretario de Guerra y famoso por sus tatuajes que evocan las cruzadas, estaba “rezando” en el Pentágono. Recitaba palabras sobre la venganza de Dios que se suponen son de Ezequiel 25:17. Lo que parece que no sabía es que recitaba una versión de Ezequiel que inventa Jules en la película “Pulp Fiction”. Recordemos que Jules (Samuel L. Jackson) y su socio Vincent Vega (John Travolta) son los sicarios del gánster Marcellus Walace. Jules recita su adaptación de Ezequiel cada vez que él y Vincent van a asesinar a alguien. Lo que aún menos ha de saber Hegseth es que al final Jules se da cuenta de que la cita también alude a la misericordia, y de allí decide retirarse para hacer el bien. Es que hace poco le habían disparado una bala que no le llegó. Según Vincent fue suerte, pero Jules, como Trump cuando le rozó una bala en julio 2024, decide que fue por milagro. Jules cree que fue un mensaje de Dios pidiéndole ser misericordioso. El mensaje que recibió Trump parece que no le decía lo mismo.
Claro que no es solo en Estados Unidos que se manipula la religión. Putin, apoyado por el Patriarca Sergei, dice estar librando en Ucrania una guerra santa contra la decadencia de Occidente. De Irán ni hablemos. En Estados Unidos siempre ha habido un turbulento mercado de religiones, pero los que hemos pasado toda una vida admirando a ese gran país nos alarmamos con la manipulación de la religión que hace su gobierno actual.