Señor Director:
En seis años, la empresa de mi papá con su socio ha sido robada cuatro veces. Empresa ubicada a una cuadra de Carabineros, en Recoleta, con alarmas e inversión real en seguridad. No importó, y lo más probable es que vuelva a pasar.
No escribo solo por el daño material. Escribo porque cada robo así le arranca a un empresario algo que ningún seguro repone: las ganas de seguir.
Emprender en Chile ya exige demasiado. Que encima el Estado no garantice condiciones mínimas de seguridad para quienes arriesgan su patrimonio y generan empleo, es una falla que no puede seguir normalizándose.
La pregunta que me queda es simple: ¿hasta cuándo hay que aguantar?
Dominga Cortés-Monroy