Uno de los momentos más difíciles de su gobierno está enfrentando el Primer Ministro británico, Keir Starmer, por las nuevas revelaciones en torno al nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington, meses después de que este fuera destituido. Peticiones de renuncia desde la oposición y molestia en las filas laboristas surgieron en estos días, cuando se supo que la oficina de gobierno encargada de investigar los antecedentes de los postulantes a altos cargos había vetado el nombramiento del excomisionado europeo de Comercio, entre otras razones, por haber mantenido estrechos vínculos con Jeffrey Epstein, aun después de que este fuera condenado por primera vez por delitos sexuales, en 2008.
Ayer, en una tensa sesión, Starmer debió responder a las preguntas de los parlamentarios, incluidos laboristas. Alegó que no había sido informado por los funcionarios correspondientes y, aunque asumió su responsabilidad por el nombramiento, insistió en que, si hubiera tenido los antecedentes y recibido la recomendación contraria a designarlo, no lo hubiera hecho. Sus palabras no han conformado a los legisladores, que seguirán recibiendo testimonios de personeros involucrados en la decisión. Probablemente, Starmer deberá responder más preguntas después de que el ahora destituido funcionario ministerial que debió entregarle la información preste hoy su declaración en el Parlamento.
El nombramiento de Mandelson se anunció un mes antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca. Se lo escogió por ser considerado un buen negociador, con experiencia en comercio exterior, contactos y una personalidad que se suponía tendría buen efecto en el republicano, con el que podría llegar a positivos acuerdos. En efecto, en los pocos meses que estuvo en el cargo, conquistó a Trump y consiguió firmar convenios clave, como el de aranceles. Starmer, interesado en ese objetivo, pasó por alto antecedentes conocidos sobre Mandelson: no solo la amistad con Jeffrey Epstein, sino también que había sido antes destituido dos veces de cargos ministeriales por conducta indebida en cargo público y que tenía cierta fama de laxitud moral. Aparte de la amistad, la revelación de e-mails intercambiados con Epstein cuando este aún vivía sugiere que le habría revelado información económica sensible, incluso secreta, por lo que hay una investigación en curso. En paralelo, Starmer pidió abrir otra pesquisa sobre la posibilidad de que, además, haya hecho mal uso de información confidencial mientras fue embajador.
Este escándalo ha golpeado fuerte al premier, ya con su popularidad en baja por un decepcionante gobierno, que no ha podido cumplir promesas de campaña, como mejorar los servicios de salud o el costo de la vida. Como a muchos gobernantes europeos, le ha tocado lidiar con los efectos de los aranceles de Trump, la responsabilidad de ayudar a Ucrania y ahora sufrir los efectos de la guerra de Irán. Todo esto será tomado en cuenta por los electores cuando deban votar en las próximas semanas en Escocia, Gales y los municipios ingleses. El futuro de Starmer está en juego, pero es difícil que haya una revuelta partidista antes de esas elecciones, en medio de una crisis de combustibles por la guerra y sin una figura emergente que lo haya desafiado todavía. Aunque esto último es una cuestión de tiempo.