Señor Director:
Quizás —basta un solo “quizás” y no tres— si Mario Waissbluth hubiese leído con más cuidado mi carta, hubiese advertido que ella no afirma que la rebaja del impuesto corporativo (o cualquier otra medida, para esos efectos) “da por sentado” el crecimiento de la inversión y la economía de manera automática, como si fueran perillas de un artefacto mecánico. Y si le hubiese concedido al ministro Quiroz la sofisticación económica que este posee, tampoco hubiese supuesto una similar creencia de su parte.
Lo que sí afirmé es que si se estimula la inversión —y la rebaja del impuesto corporativo tiende a estimularla, algo que hasta el anterior gobierno intentó— y si el Estado genera un entorno apropiado, que dé confianza al sector privado, entonces se desata un proceso de crecimiento que beneficia a los inversionistas y otorga progreso al país y a sus ciudadanos.
Las correlaciones que se hagan entre medidas impositivas y crecimiento a lo largo de 50 años, que mezclan situaciones de distintos países, cada uno con sus propias coyunturas, transitando disímiles etapas del ciclo económico —como las del estudio que cita Waissbluth—, no capturan la particular situación en que se encuentra Chile en esta especial coyuntura.
Álvaro Fischer