Señor Director:
Una carta de Álvaro Fischer —y las opiniones del ministro Quiroz— dan por sentado que la reducción del impuesto corporativo se traducirá en mayor crecimiento, lo que generará más tributos que compensarán dicha reducción, y por ello los ricos no serían los más favorecidos.
Quizás, quizás, quizás, como la canción.
Un estudio extensivo de la London School of Economics (2020), que analizó 50 años de recortes de impuestos en 18 países desarrollados, concluyó que estas rebajas no tuvieron un efecto significativo en el crecimiento económico ni en el desempleo, pero sí aumentaron considerablemente la desigualdad de ingresos.
Esto, sin mencionar otras varias reducciones de impuestos, muy en particular la eliminación de contribuciones a la primera vivienda, como lo dejó meridianamente claro la carta (ayer) de Sebastián Gazmuri. Es un hecho cierto que beneficiará desmedidamente a los propietarios más ricos.
Sobre el tema, Enrique Goldfarb remacha en su carta comentando sobre el “exorbitante” tamaño del Estado chileno.
Quizás, quizás, quizás...
Nuestro “exorbitante” Estado tiene un gasto público de 23% del PIB, versus 41% del promedio OCDE. La deuda pública es 45%, versus 125% del promedio OCDE. Nuestro Estado tiene 18% de funcionarios respecto del total de los ocupados. La OCDE tiene 21%. Y un estudio OCDE de 2017 ubicó la eficiencia del gasto público de Chile como la quinta más alta del mundo.
Francamente agota ver la machacona insistencia en denigrar al sector público del país, lo que ahora pareciera que se está convirtiendo en la ideología oficial.
Mario Waissbluth