Señor Director:
No puedo estar más de acuerdo con el destacado tenista Fernando González respecto de la importancia capital del deporte en la formación tanto física como moral de los niños y jóvenes. Y junto al lector Juan Ignacio Concha, me uno a esta mirada desde el punto de vista de la enseñanza y práctica del arte en todas sus formas, en mi caso especialmente de la música, desde la más temprana educación de la niñez.
La práctica del deporte y de las artes no solo contribuye al desarrollo integral de la persona humana, tanto en su aspecto físico como en el aspecto espiritual, sino que, además de fomentar la responsabilidad, el trabajo en equipo, el reconocimiento al esfuerzo personal, produce en las personas un bien muy escaso hoy día: la felicidad. Sí, con todas sus letras.
Quien ha tenido la oportunidad de cantar en un coro, tocar en un conjunto musical, actuar en una obra teatral, danzar una coreografía, pintar un cuadro, sabe muy bien que es algo que produce una intensa felicidad, una sensación de estar rozando algo superior, que es la belleza, y en este caso, se lo está logrando con sus propios medios, su voz, su cuerpo, sus manos, su mente, etcétera.
Cualquier reforma educacional que se quiera hacer debería pasar obligatoriamente por considerar que sin acceso al arte, al deporte, a la belleza, no hay formación posible de personas íntegras, realizadas; en suma, buenas y felices personas.
Carmen Luisa Letelier Valdés