Señor Director:
La afirmación que la rebaja al impuesto corporativo solo “favorece a los ricos” requiere ser desempaquetada.
Es cierto, e inequívoco, que la disminución del impuesto corporativo deja más recursos al interior de las empresas. A partir de ese momento, sus socios o accionistas pueden, ya sea, reinvertir esos recursos en proyectos rentables para la compañía, dejarlos líquidos en las reservas de la empresa esperando futuras decisiones, repartirlos como utilidades, o una combinación de las anteriores.
La decisión que tomen depende de una multitud de circunstancias, particulares y coyunturales de cada empresa. Los proyectos de reinversión se ejecutan porque tienen un retorno superior al que otorga el mercado de capitales, y un menor impuesto corporativo lo incentiva. Por eso, las empresas prefieren reinvertir más que repartir las utilidades. Si, además, el Estado ayuda a generar un entorno favorable a esa inversión —certeza jurídica, no demonización del lucro, y reconocimiento del papel insustituible que juega la iniciativa privada en el progreso de la sociedad, entre otros— esa decisión de inversión se ve reforzada.
Y, si todo eso ocurre, el crecimiento del país aumenta, la base tributaria se incrementa, las arcas fiscales reciben más recursos, y el país en su conjunto progresa, más allá de que esto no ocurra de manera instantánea y transitoriamente no haya compensación fiscal. No está de más anotar que lo anterior es válido no solo para las empresas grandes, “de los ricos”, sino también para las medianas y pequeñas.
La disminución del impuesto corporativo, aunque aumenta el patrimonio de los accionistas, tiene un impacto positivo en el crecimiento del país, y por esa vía favorece a todas las personas, no solo a “los ricos”. Por lo demás, estos no necesitan destinar los mayores recursos que la disminución del impuesto deje a su disposición en mayor consumo, porque ya “son ricos”. Su preferencia por reinvertir y hacer crecer ese patrimonio es justamente lo que el país debe aprovechar.
Álvaro Fischer