Señor Director:
En medio de duelos y angustias, nos remece una realidad que Chile ha eludido hace mucho: la violencia escolar como un fenómeno persistente, normalizado en el tiempo, que parece rebasar nuestra capacidad de respuesta como sociedad.
Chile ha avanzado en estándares de protección, pero la vulnerabilidad compartida por estudiantes y docentes va en aumento: agresiones físicas, psicológicas o sexuales, amenazas escritas en baños escolares o vía redes sociales, circulación de discursos de odio, ataques dentro y fuera de la escuela. Vemos comunidades escolares sobrepasadas, ausencia de familias y un Estado que llega tarde, habituado a reacciones más que a prevenir y evitar sufrimientos.
En la última década, junto a la crisis de salud mental, las violencias sufridas por lactantes, infantes, niños, niñas y adolescentes, incluida aquella ejercida en sus hogares, muestran incrementos desoladores. También las muertes infantiles por violencia. El abandono de la infancia persiste en un país que aún concibe su cuidado como un deber solitario de familias y escuelas, ajeno al interés colectivo.
La tragedia irrumpe, se exigen acciones y la respuesta institucional se centra en medidas restrictivas, punitivas. Si bien podrían dar alguna protección, la evidencia muestra un impacto limitado; más si se prescinde de abordajes integrales que han probado ser más efectivos y perdurables.
La violencia no surge en el vacío. Nuestro sistema educativo, muy desigual, aún opera desde lógicas rígidas, agobiado por la presión de rendir y con escasas oportunidades para el desarrollo de lazos, creatividades y recursos que ayuden a afrontar diversos desafíos en distintos ciclos de aprendizaje, de modo pacífico y constructivo.
Las escuelas pueden ser entornos seguros. Experiencias en Chile y la evidencia internacional lo confirman. Hoy se requiere de decisión urgente y voluntad transversal; que Gobierno y sociedad civil asuman, no solo en crisis, el imperativo de protección y apoyo a la niñez, familias, profesores y escuelas. Que co-construyamos los espacios formativos que cuiden a quienes aprenden y a quienes educan, y en el fondo, al país y la vida de todos.
Yolanda Pizarro
Educadora de párvulos, exsubsecretaria de la Niñez
Vinka Jackson
Psicóloga, Derecho al Tiempo