Señor Director:
El exjefe del Servicio Jesuita a Migrantes Miguel Yaksic escribió ayer en “El Mercurio” una larga columna, reflexionando sobre la violencia.
Lamentándose sobre el estado de la violencia en Chile, dice que hay violencia en todos lados y a toda hora. Está “en el dolor del parto” y en “la promesa de cierto liberalismo”, ese que dice que “el éxito es fruto del esfuerzo personal”. Entremedio existiría también la violencia “simbólica” y tantas otras, tanto más extrañas como la “del Estado como motor de redistribución de la renta petrolera”.
¿Es también violento leer? Este discurso del señor Yaksic que vacía el concepto de violencia, expandiéndolo a todo tipo de cosas, es lo que Jorge Millas catalogaba como “uno de los lugares comunes de la antifilosofía de moda, [que] considera[ba] como forma de violencia la resistencia pasiva de Gandhi”. Si el sistema es violento, entonces podemos destruirlo o atacarlo con violencia. Es decir, es una simple y sistemática validación de la violencia. Y en este caso, enmascarada y escudada en la vanidad de autoproclamarse buena persona. Por eso llegamos a lo que llegamos en 2019. Una simple vergüenza.
Fernando Claro V.
Fundación para el Progreso