Señor Director:
El anuncio del fin de la franquicia tributaria para capacitación, en el marco del proyecto de reconstrucción, abre un debate que exige prudencia. Este instrumento, pese a sus falencias, ha sido clave para que miles de empresas formen trabajadores y para que muchas personas accedan a oportunidades laborales.
Es cierto que su diseño ha permitido usos de bajo impacto e incluso distorsiones. Pero ese problema no radica en el espíritu de la política pública, sino en su implementación, fiscalización y en decisiones que no han priorizado el impacto real en el empleo.
Chile enfrenta una profunda brecha de capital humano: más de cinco millones de personas no han completado la educación media. En este contexto, eliminar un instrumento sin claridad sobre qué lo reemplaza, no solo genera incertidumbre, sino que debilita los puentes hacia el trabajo.
El desafío no es destruir, sino mejorar. Construir políticas de capacitación efectivas, con foco en productividad y empleabilidad, como lo hacen los países desarrollados. Las buenas políticas públicas requieren convicción, pero también prudencia en la velocidad.
Manuel Ureta
Director ejecutivo Fundación Infocap